Thursday, October 26, 2006

antioxidante


Obras en la calle de al lado. El gris otoñal se muda a las aceras, polvo por las esquinas y ruidos vespertinos. Los cascos de protección son las pamelas del desfile de individuos desconocidos cuando temprano hago que paseo por las calles. Un viejo edificio derruido parece una vieja mujer desnuda. Cortinas floreadas destintadas, olvidados huecos forrados de azulejos crema en los que adorar algún almanaque publicitario del que ya sólo queda un dibujo decolorido y un diciembre caducado. Carrito de la compra de cuadros rojos plastificados, zapatillas negras de toalla, platos y vasos de vidrio grueso, flores de plástico en la nevera, pan blando para combinar con las velas que aún esperan un corte inminente en el que demostrar su carrera.
¿Por qué escribir de una vieja? Porque todos algún día seremos como ellas. Creo que lo más fantástico que puede ocurrirnos al envejecer es perder la cabeza. Recuperar la locura, es como poder vivir una segunda juventud. Quizá un loco jubilado sea el énves de un adolecente recién despertado. ¿Qué cartas quedan aún por levantar cuando se cumplen los setenta y tantos? Viajes de autobús, excursiones de jubilados, hogares patéticos, jardines de hojas de plástico, partidas de dominó, pérdidas de memoria, gotas de orina...
Prefiero perder mil veces mi cabeza y perderme mi vejez a padecerla golpe a golpe, cada día. Prefiero olvidar cada libro leído de un plumazo, como un apagón tremendo, a que mi cerebro se deshidrate "piano piano".
Porque ya también se habrán agotado las sentencias de viejo y el viejo libro de recuerdos, la búsqueda del consejo, las cremas antiarrugas, porque ya te sentirás mal si tu pelo cano no deslumbra como la luna llena a los enamorados, como la niebla en febrero, y que tras una vida, sólo sienta míos, sólo me reconozca en unos ojos verdes de recuerdo, perdidos detrás de mi espejo, vivos, pero no por mucho tiempo. Preferimos vidas cortas, juventudes eternas, fármacos antioxidantes, no deseamos rostros plastificados, yo quiero un corazón joven, ojos brillantes hasta el día en que la vida me despiste, el resto de mi vida, alegria de merienda a la salida del colegio, y risas con olor a juguetes nuevos.

Sunday, October 22, 2006

estereotipos

Cada partícula del universo es relevante, pero... ¿todas o sólo pura controversia? ¿Nos importa el tipo de partícula o el desconocido interior que la sustenta?¿Qué nos gusta de Otelo?¿las letras o su autor?
"¿A quién le impora el cutis que tuvo Shakespeare?"Así habla Benjamín Prado en el Semanal de El País de este fin de semana. El madrileño aboga por derruir de una vez y para siempre los estereotipos. Prado se aleja por instantes de su particular estereotipo de escritor desinhibido y liberal para recordarnos que la belleza sigue estando en el interior. Aunque no exactamente, y estoy de acuerdo, no es el interior donde vive, vive en ese aspecto mas auténticamente humano, singular y particular del individuo, eso que nos asemeja a los perfumes, ese algo que nos hace adorables o abominables.
"La imagen no tiene por qué ser un inconveniente para triunfar, ni si quiera un condicionante. Hitchcock hacía sus películas a base de bellas rubias, y Buñuel, con personajes grotescos. Es estúpido asociar la belleza al éxito"
Razonable, pero...¿por qué entonces pensar en éxito generalmente es pensar en algo bello? Quizá es porque todos estamos y vivimos en un mundo colmado de estereotipos. El mayor de ellos radica en nuestro propio entendimiento, en cualquier significado y significante, en la idea que tenemos de las palabras, porque el éxito, aunque queramos disfrazarlo de cruel, egoista y despiadado, es bello, sigue siendo bello, se enferma, se degrada quizá, por otros aspectos, pero la esencia sigue siendo interesante y apetecible para cualquier perfil humano, ya sea griego o un tanto menos perfecto.
Cuando Benjamín Prado se pone de perfil sonríe, porque conoce la pregunta de rigor. "La respuesta: no cambiaría un ápice de su imagen, pero si en algún momento le dejase de agradar, desfilaría por un quirófano sin dudarlo. No entiendo por qué es malo cambiar algo que desagrada. La libertad mayor es conseguir estar cómodo consigo mismo. Si la felicidad se basa en estar a gusto, no puede ser malo operarse... siempre que se trate de mejorar la autoestima".
Como a todos le gustaría salir inteligente en las fotos y guapo en las respuestas.
Nada mejor que la belleza, la belleza es bella y por eso se ha adorado durante siglos, desde los orígenes, el hombre intentaba fijar lo bello, lo atractivo con rudimentarios medios. ¿Por qué tras siglos de prácticas evidentes queremos cerrar los ojos a lo evidente?
No hablo de un canon, hablo de una belleza eterna pero diversa, la belleza no está en una nariz perfecta, sino en adivinar por qué esa o cualquier otra consigue modificar la percepción que alguien tiene de las cosas. Esa es la belleza que me gusta y me enamora.
Benjamín Prado saltó al ruedo literario con Raro, una novela que conoció un gran éxito en España e Iberoamérica. Cuatro años más tarde, en 1999, obtuvo el XIV Premio Andalucía de Novela por No sólo el fuego. Autor de varios libros de poesía, acaba de relatar su amistad con Rafael Alberti en A la sombra del ángel.
Esperamos que su obra mejore su perfil, y que su talento siga eternamente bello.

Thursday, October 19, 2006

mejor en polvo


Resulta interesante llegar a la conclusión de que cuestiones de alto nivel metafísico, esas que durante siglos han colmado los pensamientos de generaciones y siempre afectando incansables, como golpes de reloj, de ese mismo modo incesante, pueden llegar a simplificarse y darte cuenta que quizá puedan ser solventadas de otra manera, tan simple como tomarse un vaso de leche. Y es que de tazas, de leche y de dulces va el tema.
¿Hay algo más dulce que el amor? ¿Un bombón? Siempre que no sea de chocolate amargo, la mayoría estaría de acuerdo, siempre que no se me incluya en la mayoría, porque aunque sea difícil de creer, hay gente a quien no le gusta el chocolate, pero no por ello, el dulce, ni tampoco lo que aquel conlleva.
Esta tarde hablaba con una amiga, conversábamos sobre las cosas sin importancia, sobre como las cosas más triviales, a veces, se vuelven fundamentales. Ya lo dijo nuestro amigo Bunbury, no hay nada mejor que una simplicidad para conseguir las mejores y más intensas sonrisas. Las conversaciones de amor y de amantes son muy complejas, aunque el tiempo demuestra, que normalmente la solución más simple, suele ser casi siempre la correcta.
Me decía mi anónima amiga que la gente dice que el sexo es un sustitutivo del amor. Esto hay que explicarlo, nada puede sustituir el sexo, sobre todo, cuando es bueno, pero sí es cierto, que la gente se cobija en el sexo cuando se imposibilita la tarea de encontrar esa oveja que puede convertirse en tu pareja. Pero, ¿y cuando falta el sexo? Cuando escasea el segundo plato, el mundo no se acaba. Siempre queda un tercer plato, una ventana que queda siempre entreabierta para los más necesitados, para esa urgencia descalificada, una opción políticamente correcta, que no acarrea problemas de conciencia ni rubores sorpresivos, ni reflexiones al día siguiente, ni compromisos no deseados, ni siquiera necesita un cambio urgente de lencería, y esa piedra filosofal es el chocolate.
Sí. Ese placer de color marrón que cruzó el charco hace un tiempo, droga para algunos, condena empalagosa para otros, cola cao para los tímidos, sin leche para los apasionados, para enloquecer con almendras, y blanco para los que gustan los disfraces..., y, en polvo, para los clásicos.
En fin, el chocolate es el mejor sustitutivo para el sexo, así está considerado. Abalado por innumerables películas, el cacao al igual que el helado de pistacho es el mejor consolador, enamora nuestro paladar y le regala el más placentero chupetón, caliente y frío, único y sólo tuyo, aterciopelado, crujiente, cremoso, irisado, en filamentos, en gotitas..., el formato a gusto del consumidor. Sólo tiene un problema: es una máquina de producir calorías, aunque aplicado en el trasero es uno de los más potentes anticelulíticos, un auténtico partidazo.
Y es que la zona M, aquel recién inaugurado corner amapolado, os invita a sorbitos de chocolate caliente a tono con este otoño apasionado que ha llegado de repente, con esta lluvia que me hace sonreir, para tomar en tacitas de porcelana beig, como sacadas de una novela de Jane Austen.
¿Quién da más? Chocolateados, entre lluvia, sin el odioso sol amarillo, nos pasamos a la terracota, a los marrones, a los verdes perdidos, a tendernos en el musgo. Sonrían que ha llegado el invierno y nada mejor que disfrutarlo tendiditos bajo las mantas.
Prblema resuelto. Que ya no quedan secretos ni problemas irresolubles, y en el amor, o mejor, en la calentura de los sentidos, el enfermo se cura con derroches de cacao. Terriblemente afrodisíaco.
¿Y después? Después, eso de cada oveja con su pareja, o, al menos, reunión de ovejas, perdón, de parejas.

Sunday, October 15, 2006

en el país de las maravillas


Tempus fugit. Un topicazo lapidario, nadie inventa nada cuando lo utiliza, ni yo tampoco, por ello, si todos somos tan conscientes del paso del tiempo, ¿por qué nos repele percatarnos del paso de los segundos en nosotros mismos?
¿Somos narcisistas o se trata de una cuestión de supervivencia?Hay quien no le interesa, pero ¿es real? ¿Por qué hay quien "esculpe su cabello" y quien no sabe a qué pelos nos referimos cuando hablamos de "cabello"? ¿Somos animales ávidos de junventud, nos regimos bajo la ley del más fuerte, o somos humanos enamorados de la belleza del "número pi"? ¿Existen de veras los despistados?
El concepto de perfección, equilibrio, es ambiguo, pocos estarían de acuerdo en acompañarlos de un mismo concepto, quizá esa asociación arbitraria que hacemos de los términos y referentes los usuarios de la lengua, sea la causante del perspectivismo humano. La obsesión dicen es una enemiga disfrazada, se pasea vestida de perfección y nada, o casi nada es perfecto, difícil de conseguir. Otros dicen que la obsesión es buena, ayuda a conseguir los objetivos. No hay nada más potente que una obsesión viva en la mente. Y con estos precedentes, hablar de la belleza como ente no desvela soluciones tampoco, las hay de muchos tipos y de diferentes materias, incluso puede ser interna. Nos atrae lo perfecto y lo imperfecto, nos atrae Miguel Angel y el desequilibrio aparente de Picasso. ¿El hombre de Vitrubio o el hombre de tu vida?
Ayer cuando parpadeaba bajo mis gafas púrpura en un tuburio de la ciudad me di cuenta que mi concepto de belleza era dificil de encontrar por estos parámetros en los que merodeo últimamente. Hay que conocerlo todo para poder hablar de todo. El olor a tabaco resurgía de las paredes de un color indefinible. La música se perdía entre punteos horteros de un rock que ya no se lleva. La gente se movía de dentro para fuera para tomar aire, y no ahogarse con los cigarrillos de la marabunta humana que allí se congregaba. Y yo me preguntaba, cuál era el objetivo de aquella macro reunión. Llegué a cuestionarme si no me estaba perdiendo en mí misma, opino que mis creativos y privados mundos imaginarios no me están beneficiando mentalmente. Últimamente, me estoy convirtiendo en la protagonista de mi cuento preferido. Como Alicia, me sentí pequeña en una casa gigante, a punto de ser pisada por aquellos individuos humeantes.
De repente, un antiguo conocido me rozó el hombró intentando llamar mi atención, me saludaba con los dos besos estipulados y notó mi actitud despistada, mis ojos semi cerrados, mi copa casi agotada de té verde helado..., y cuando le exponía mis razones de cansancio, mi semana agotadora, mi falta de tiempo, y mi opinión sobre aquel lugar,que más que animarme, me adormecía sin yo poder remediarlo, me interrumpió casi atragantado por un enorme sorbetón de su copa de whisky barato, que quizá es que me estaba haciendo mayor. "Los años no pasan en valde", fue su estelar frase, y así desapareció entre la muchedumbre.
Pero, ¿cómo alguien que tiene veinticinco años puede ser mayor? ¿y cómo puede acusarte de esto alguien que te lleva otros tantos? ¿qué sentido tiene si mi rostro de leche parece que se renueva a cada uno de mis parpadeos?
Mi supuesto problema de vejez no está en mis veinticinco años, ni en que ya no beba tantas copas, ni en que no sienta perder el sentido cada sábado, ni en que me apetezca irme a la cama a los dos de la madrugada. Mi problema es que siento que mucha gente no evoluciona a mi ritmo, y no evolucionar, para mí, es como un caudal de agua que de repente queda estancada. Lo que no me renueva, me mata.
Quizá sea que mi evolución camina en otra dirección.¿Qué me está ocurriendo? ¿Mi mente envejece a galope o es que me estoy perdiendo en mi propio mundo de ideales, de letras recortadas, de ediciones soñadas, de imaginación, de sueños irreales?
¿Por qué hay gente que no sabe aún que se pone en una estantería? ¿Por qué si sugieres como objeto "libros", te dicen que ya tienen la enciclopedia Larousse? ¿Por que últimamente la mayoría es marrón?
Por eso y por mil y una cosa más, prefiero ser una rara entre mi grupo humano, porque no me interesa el adejetivo "normal", porque me encanta bucear horas en mis libros, y ya casi no me importa que nadie entienda por qué quiero leer a Amy Tan. Por eso el concepto de belleza es tan distinto para el humano y más aún el de equilibrio, yo me quedo con el mío, sólo mío, y prefiero vivir en mi mundo inventado que mudarme a las coordenadas del almacén de descatalogados. No busco nada en especial, sólo algo de originalidad que sea capaz de rescatarme de mi mundo virtual. Y lo encuentro. Y es mío. Sólo mío.

Monday, October 09, 2006

avance informativo


Queridos lectores:
¿Conoces esa famosa foto de principios del siglo pasado en la que unos obreros almuerzan sobre una viga de hierro gigantesca y a miles de metros del suelo? Construían Manhattan y estoy segura que sobrevolar ciudades no producía un dolor de espalda tan horrible como el mío.
¿Sabe alguien la sensación de estar cogido como por un gancho en la espalda, como si fueses un trapecista, pero sin equilibrio? Caer una y otra vez a la red, en diversas posiciones como un muñeco de plastilina.
La comparación es muy jugosa, metafórica pero, no es real, o sí. Hoy me siento igual que ellos, pero de verdad, nada de caídas mentales, sentimientos de ruleta... hoy mi espalda adolece de su bien erguida rectitud, y me siento alicaída.
Tras el parte médico, anuncio para mañana noticias frescas aunque no sé si podrán ver la luz pública, se casa una famosa pareja sevillana, boda de postín al medio día, a la cual a&p está invitada. Prometo contaros al menos en que consistieron los entremeses.
Por otra parte, ayer fue el cumpleaños de dos muy buenas amigas, la una está en la ciudad y la otra algo más lejos.
No sé si será el tiempo, el otoño, el amarillo o ese día a día lleno de horas impasibles, lo cierto es que las semanas pasan, y ni mi agenda magenta ni la suyas se ponen de acuerdo para una cita fugaz de aquellas que el año pasado disfrutábamos entre cafés, compras y segundos robados a clases atenienses o guiños biliotecarios.
Veinticinco añitos cumplen mis "M.J", y ahora, todos más adultos y ocupados que nunca, parece que el trabajo o el deseo de conseguirlo, nos han borrado por segundos eternos las sonrisas que poblaban a veces más, a veces menos, nuestras boquitas de filológuillas estupendas.
Para mis amigas y colaboradoras de a&p, la dirección os envía un ramo de rosas, bomboncitos caja roja y sobre todo una agenda nueva para todas, completamente blanca y anhelante de compañías femeninas y entendidas en letras.
Suprímanse los malos entendidos sobre el tema, que en este grupo no queda títere que no esté casada o por casar, y ante esto, y para terminar, anuncio otra boda inminente. Nuestra Deke de toda la vida se nos casa. Se espera que sea una boda de invierno, pero que la pareja caldeará con los latidos enamorados de los Romeo y Julieta más tiernos y sinceros de la temporada.
Lo siento, compañera de fatigas, la exclusiva era mía. Chicas, ahora sí que hay que comprarse el vestido.
Y entre tanto, para las casaderas, se inaugura un nuevo corner en Amapolas, se llama "ZONA M" y está poblado de artículos bermejamente amapolados. El fin de semana estáis todos invitados al cóctel. Tacones obligatorios. Post scritptum: precios interesantísimos.
Hasta mañana. Me despido, nos despedimos, a&p al completo hasta el domingo, día de redacción, y de reflexión.
Saludos cordiales. Disfruten del puente, señoras y señores.

Sunday, October 08, 2006

vuelo de violetas


Domingo de nuevo, últimamente este es mi día E, o sea, el día de la escritura, en el que puedo dedicar unos minutos, a veces más, a veces menos, para hilvanar palabras armonizadas. Tengo mucho que contar y sin embargo, el resumen de la semana se torna dificultoso.
Nunca me gustaron los resúmenes, prefiero los relatos aún más cortos, y si no, disfrutar de una narración dinámica pero a golpe de reloj, como en Memorias de África, cuando contaban cuentos al amor de la lumbre.
Los días han rodado, y los minutos se agolpaban rápido, algo increíble con este tiempo de aburrimiento. Ha pasado el fin de semana de la Aurora y siguen sin estrenarse los anhelados abrigos. Recuerdo que quizá sea demasiado utópica mi adoración al invierno, hace unos cinco años se compraban nueces y castañas en esta zona y la gente aún llevaba chanclas. O sea, quizá no sea que este invierno se esté haciendo de rogar, posiblemente sea mi ilusión decadente la que necesite de una luz más fría.
Ahora he decidido cambiar el decorado de mi rincón más íntimo, el mío y el de todo mortal medio normal, mi dormitorio. Adolecía de dulzura y ahora, renovado, es como uno de esos jardines naturales, esas pinceladas violetas que la naturaleza nos regala con aroma a lavanda. Cambié el tono de las paredes, ahora sonríen como un ramito de violetas, y el leve candor que las mantiene se madura con unas organzas color canela y una terrible y adorable seda rosa. El rosa es como una droga para mí, algo absurdo e irracional que no puedes dejar, ese es mi patético color preferido.
Y a tono con todo esto, junto a mi candil, como acariciando la almohada, mi nuevo libro: Un lugar llamado nada. La autora, Amy Tan. Es la autora de siete libros, entre los que destacan El club de la buena estrella, Los cien sentidos secretos y La hija del curandero, y, también, de ensayos y relatos breves que han sido publicados en numerosas revistas y antologías. Recibió el Common Wealth Award en 2005 y ha sido finalista del National Book Critics Circle Award y del Orange Prize. Sus obras han sido traducidas a treinta y seis idiomas. Esto es lo que más me interesa, sus palabras deben ser leidas si tanta gente desea pasearse por ellas. Por ello, y por ella me animé a dejar Occidente y viajar a los albores de la cultura, a las raíces más antiguas y descubrir qué hay más allá de Europa.
Isabel Allende ha dicho "Amy Tan ha creado una aventura casi mágica que, página a página, se convierte en una metáfora sobre las relaciones humanas".
Yo digo que la aventura está siempre espectante, aparece cuando menos se la espera, es como una damisela disfrazada, como un secreto sentido y de repente revelado, y para mí, hoy, bañado de lavandas, una límpida y fresca pincelada de violetas.

Sunday, October 01, 2006

de rojo inesperado


Uno de octubre, un nuevo mes, nuevos y más leves atardeceres. Nuevas noticias, días inexperados. Van Gogh se autorretrató a sí mismo y su retrato sigue siendo hoy revelador. Pelirrojo, ojos menudos, "domine cabra" a la alemana, hoy de actualidad más que nunca.
Hace unos días recibí noticias de la visita a nuestro show room de una pareja de futuros recién casados, anhelantes de hogar, en busca de telas con que vestir el nidito de amor. La pareja pasó desapercibida a mis ojos, yo misma pasaba por allí, les saludé sonriente, y como a un par de desconocidos más, se almacenaron en mi memoria, para pasar a ese baúl de recortes memorísticos aleatorios que nuestra mente posee, y que inesperadamente, a veces, toman vida para formar parte de algún episodio presente, más que novedoso.
Días más tarde, como un virus medieval, la empresa adolecía de bajas personales, estómago, dolores, infecciones, resfriados... el personal se marchaba durante un tiempo para reponer sus no muy saludables cuerpos, al parecer. Esperamos ansiosos su repuesta salud y su vuelta a casa y al trabajo. Pues bien, a tono con las bajas, el trabajo se multiplica y toca cubrir huecos. En mi caso, un par de días cambié la contabilidad, los bancos y el todopoderoso IVA para reunirme una vez más con las telas, mi segunda piel, 24 horas rodeada de seda y mi adorado terciopelo. Entre tanto, los clientes iban y venían y entre ellos, la pareja semiolvidada, semisaludada. Les reconocí por la galopante alopecia del caballero.
Cuando acariciaba el terciopelo color hielo que pretendía venderles para el despacho del nidito, el joven, que, aún calvo, no parecía superar los treinta, me miró fijamente a los ojos, y me llamó por mi nombre, asentí sorprendida y rápidamente le pregunté cómo lo sabía. Yo no lo había visto nunca, y sin embargo, él me conocía. "Efectivamente, me llamo Majo" respondí, y a continución, el dijo, eres María José Caracuel, y la dueña de todo esto.
Todo tomó sentido cuando fugazmente recordé el nombre del curioso cliente, se llamaba Samuel, así se había presentado cuando al principio había anotado sus datos para la venta. Un nombre no demasiado común, y un tanto sugerente cuando me confirmó su procedencia: un pueblo cercano, cuyo nombre empieza por "a" y acaba por "ar".
No podía creerlo. Era él, el de siempre, aquel personajillo pelirrojo, de gafas menudas encajadas en sus diminutos ojos. Pero, sin embargo, no lo parecía. Consciente de su antiestético aspecto anterior, había decidido mudar la piel, suprimir la decadente y rojiza cabellera por un rapado total, las gafas ya no estaban, sobrevivía a los objetos, ahora desdibujados para él por falta de unas cómodas lentillas y arrugaba su vista a cada paso para reconocer los contornos de lo que no estaba muy lejos de su nariz. Y..., había engordado, nada quedaba ya de aquel pequeño saltamontes escualido, parece que hubiera ingerido ingentes nutrientes por día y estos relucían en unos brazos y estómago más lustrosos.
No tuvo reparo en explicarme sus andadas cuando comprobó que ya estaba actualizado en mi memoria. El ex novio de mi amiga A.Y. resulgía del pasado cual ave fénix.
La actualizada novia, sin embargo, fingía una sonrisa comprensiva y a la altura de los tiempos, aunque no era dificil entender que aquella conversación incipiente le molestaba. Sálían a relucir antiguos amores, antiguos rencores, relatos amorosos, que no sé por qué en algunas parejas, así pasen veinte años, se mantienen vivos, como si hubiesen ocurrido el pasado sábado.
El reconoció que sabía mucho de mí por narraciones en tercera persona, en mi caso ocurría de igual modo, conocía sus andanzas al milímetro por los confidenciales comentarios de mi amiga. El tal pelirrojo, aunque feo se creía casi Prometeo, y así había sido siempre, un Don Juan muy moderno, tanto que podríamos calificarlo de un valor surrealista o, mejor dicho, cubista.
Parece que él no tenía problemas en descargar su pasado una vez más y relataba episodios a los oídos de la futura esposa, de una futura esposa a la que por segundos se le agríaba la fantástica tarde de compras con aquel encuentro inesperado. En los ojos de la dama se reproducían temores, y la seguridad con la que llegó se desvaneció en leves suspiros y sonrisas de y por compromiso.
El tema era cargante, por el lucimiento personal del caballerete y por el mal trago de la señora. La actitud cambió y de un"cariño, lo que tú elijas está bien", pasó a un "me gusta esto y punto", sin más.
Parece que hay veces que abrir el baúl de los recuerdos no es tan aconsejable como Karina cantaba en su día, el pasado toma vida, y todos los elementos nuevos que ahora viven y antes no existían, sufren de repentinos ataques de incomodidad y se ven sobrecogidos por aquel famoso y harto conocido monstruo verde de los celos.
Como periodista, confirmo que mi narración es fidedigna y no me he dejado llevar por el cariño hacia mi amiga, ni por el desprecio hacia el pelirrojo. Objetivamente confirmo, que esa nueva relación se mueve por el autoritarismo cobrizo y que la futura esposa no es más alta de un metro cincuenta, y que sus patas de gallo son demasiado visibles para su edad, junto con un rubio de mechas verdosas nada favorecedor.
Y ahora, de nuevo en el presente, animo a todos mis lectores y lectoras a que entiendan mis palabras como un canto al "carpe diem", cierren las novelas leídas y pasadas y se dediquen a vivir el presente, que, aunque a veces no la parezca, se muestra increíblemente interesante.

Saturday, September 23, 2006

entre las piedras



Parece que hay veces que hasta las piedras tropiezan con ellas mismas. Sin saber como, en ocasiones ni el tic tac del reloj se pone de acuerdo consigo mismo, y los toques se atropellan entre ellos provocando un malestar inteligible.
Los días pasan inapreciables, sublimes a veces, y de repente, el caos, como un hada maligna se muda a nuestro espacio, y hasta un "hola" resulta desagradable y un botón desabrochado puede ser desencadenante de una cascada de ojos en blanco.
Y sin saber muy bien como, te encuentras con un nudo en el estómago, y el amarillo reaparece pleno de protagonismo, y las tardes cortas o largas, con o sin lluvia se vuelven inaguantables.
La ilusión que encarecidamente buscas cada mañana, ese tesoro de risas que guardas en el cajón como una joya de la infancia, se desvanece, y pasan siglos de segundos eternos hasta que el alma vuelve a reencontrarla. Y siempre, y vuelve, el tintineo del reloj, incansable a los colores y humores de las tardes de invierno olvidado y de verano, verano olvidado por no querer pasar de una vez aquella página en bleanco. Tiempos felices para algunos. Pasos de bailarina para otros.

Friday, September 22, 2006

otoñalmente deseado



Empieza el otoño. Parece que esta vez la estación se hace esperar, y aunque en el calendario se anuncia su entrada inminente, el verano parece haberse acomodado entre nosotros, e impide que la llovizna otoñal refresque nuestras mentes.
¿Dónde quedaron esas hojas caídas en las calles a modo de alfombra en tonos camell? Eso quedó, supongo, como fondo de pantalla para los más clásicos usuarios Windows.
¿Y el abrigo nuevo para comienzo de octubre? Tampoco ya aparecen las medias y leotardos inminentes como de sorpresa en los cajones, ya nada nos sorprende, ni la lluvia, ni el frío, ni los incendios, ni los hundimientos masivos de pateras, ni la guerra de Irak, ni la de cualquier otro lugar. Se oyen voces lejanas provenientes de Latino América, de un presidente altisonante, que llama “demonio” a un presidente de los Estados Unidos.
Hoy ya casi nadie llama las cosas por su nombre, todo es muy correcto, y se pasan por hormigas elefantes. Y así, esta armonía de plástico llega a afectar hasta el tiempo, no llueve, ni las estaciones aparecen con un ritmo natural como antes, ya nada es como antes. El frío aparece de repente, al lluvia es torrencial, como torrenciales eran las palabras de Chavez. Torrenciales pero certeras, ¿será que también entonces, estamos necesitados de esas aguas radicales para entender algunas cosas? Será que nos hace falta humedecernos de vez en cuando, para no perdernos en las brumas agónicas de este verano de condena, que nos mantiene ciegos a todos o casi todos.

Sunday, September 17, 2006

fabuloso


Un par de días fuera de los límites sureños de Sierra Morena serían como un suero para el horripilante calor, desgastado ya en un septiembre sin expectativas.
Ifema abría sus puertas al diseño, a la decoración y ese era mi destino, o lo había sido siempre, eso creo ahora. Stands diversos, carpas, gentes de todos los colores, gafas estáticas en la nariz, modernos reinventados, clásicos perdidos, tendenciosos con las tendencias, jóvenes y mayores se acercaban al más importante salón de la decoración con una única ilusión, comprar, y autoconvencerse de que entienden el diseño y saben qué es la moda.
Y es que, señores y señoras, el diseño, como todo, posee una estructura vertebrada casi de metacrilato, un leve velo separa el buen gusto de lo depravado, y eso no es moderno ni nuevo, el buen gusto o se tiene, o no se tiene, por mucho que se estudie o por mucho que se crea poseer.
Alejense los empresarios aventajados, ilusos conocedores de este mundo, creen que por saber pasar contabilidad y ordenar sus dineros a fin de mes, sabrán descifrar la delgada línea roja que conduce al éxito o al fracaso de lo realmente bello o lo que más se asemeja a algo perfecto.
Prohibiría a todo hombre o mujer de empresa que se acerque allí, no tienen ni idea de que su cometido queda muy lejos de saber interpretar la belleza del arte.
El cobre no es que no se lleve, es que está desfasado, la loza policromada es una pieza digna del mueble bar de Sara Montiel. Precisamente, el término "mueble bar" está descatalogado en el diccionario de la decoración, definitivamente obsoleto. Para los amantes del "estilo inglés" tengo malas noticias, no se encuentran ya representantes de esa rancia tendencia. Despierten, señores y señoras anhelantes de polvo de anticuario, del mueble apolillado. El estilo inglés es otra cosa, es más que eso, es precisamente, la elegancia y ese término dista mucho de parecerse a sus intereses de burgueses desfasados.
Y dicho esto, pasemos a las tendencias, el brillo destellante es hoy más moda que nunca, las lentejuelas se descosen de los vestidos para llenar enormes jarrones de cristal y acoger entre sus deslumbrantes partículas las flores más inesperadas.
La rosa es un clásico y se mantiene en los tonos más tradicionales, el blanco, el más genial y el rojo, clásico entre los clásicos. Por lo demás, la flora más lejana, la más inesperada, se asoma salvaje al hogar, el musgo renace como una alfombra fresca oxigenada.
La gama de los morados, los rosas es más puntera que nunca, los labios, los ojos se tiñen de púrpura, pero sin dramatizar, es más pop-rock, que una tragedia del color. El rosa es el rey en el sofá, en la cortina, en la alfombra, en los adornos navideños. El dorado se mantiene en el podium, inalterable al ocaso del verano, y gana posiciones como opción inmejorable. El negro, siempre negro, se reviste un año más de sí mismo y triunfa entre todos, más acharolado que nunca, brillante y rompedor, acompañado de su opuesto, el blanco, como un clásico de la vanguardia, y, la guinda, el verde, como ideal, un color especial para gente especial.
Los sesenta están más de moda que nunca pero matizados por una vena ochentera que lo agudiza, y suprime aquel encanto ingenuo que lo caracterizaba. Y el metal, el cristal, el metacrilato como materiales básicos de hogares hechos para respirar espacio y libertad. ¿Frialdad? pueden pensarlo, no es cierto, el calor del hogar lo pone el corazón, las tendencias del otoño-invierno 2006 y 2oo7 son frescas, pilares de una casa en la que el protagonista eres tú, en la que el mueble no ocupa tu espacio, el espacio y la vida es tuyo, y la calidez, como el amor, no está en un color, ni en el roble americano, está en el corazón y para los avanzados, en la sección izquierda del cerebro. Y, la felicidad, en el aire. El resto son obstáculos, cuantos menos, mejor. En breve, las casas serán transparentes, y nosotros seremos la vida y el color. Fabuloso.

Wednesday, September 06, 2006

Y ahora, lo feo


Queridos feonautas:
De los productores de "De este agua no beberé" o "Nunca digas nunca jamás", nace mi artículo de hoy. Cuando hace un par de años apareció la primera telenovela sobre una mujer disfrazada de "muy fea", intentando sobrevivir a su propia apariencia, yo me llevé las manos a la cabeza, sin embargo, el éxito fue absoluto. No sabía si lo planteaban como una valoración del inapreciado valor interior o simplemente una idea estúpida sin más. Ahora pienso que fue lo segundo. Pero hoy tengo que retractarme de mis pensamientos públicamente.
El éxito de la conocida teleserie latinoamericana fue tal que ya hubo quien tomó nota para llevar a cabo la versión española, y así nace "Yo soy Bea".
Por todos es conocida mi fluida relación con Telecinco, el equipo de redacción de la serie ha visto las similitudes de a&p, como "diario" de impresiones y objeciones de la vida de Majo, al igual que Bea de manera aproximada escribe en su diario de internet, a un receptor múltiple al que llama "feonautas" como un grupo al que ella misma pertenece.
Lo cierto es que se llevará a cabo una colaboración en el departamento de redacción de la serie y nuestro periódico. El problema es que pensaba tratar en mi próximo artículo el estreno de "Alatriste", la superproducción española sobre la novela de Pérez Reverte, pero, esta película está producida por la cadena susodicha, así es que para decir sandeces, mejor no decir, y para mentir...por no dañar la sensibilidad de los que pagaron, mejor me callo.
Pero, en un alarde de valentía diré que el film es como un globo aerostático, vuela, por estar lleno de aire, nada más. Como consejo: suprimir para posibles proyectos de segundas partes, a Echanove, su personaje de Quevedo es tan cansino y desgastado casi como la Juani en Médico de Familia, y eso es decir mucho. El señor Echanove se balancea en su excesiva barriga, repartida hacia las caderas, mal lleva una peluca barata y se encaja unas gafas de siglo de oro que más bien parecen los anteojos de un disfraz del carnaval de Cádiz. La disputa Góngora vs. Quevedo, tan manida, aparece entre las primeras secuencias y aburre, y no sólo eso, sino que duelen los oidos cuando el ficticio Quevedo recita como un gato afónico una rima del cordobés.
No sólo Quevedo llena de esta manera la pantalla, tenemos un Javier Cámara que es digno de lástima con una interpretación más que mediocre del Conde-duque de Olivares, muy serio, tanto que nos recuerda sus orígenes cómicos más que nunca, de los que él parece no quiere acordarse ya.
El protagonista es de lo mejor si no fuera porque su diálogo es tan parco como el de Silvester Stalon en cualquiera de sus películas. Y, el resto, como cualquier película española, quitando a algunas de Almodovar, sobrevive con las apariencias. El cine español, como el deporte rey, no termina de levantar cabeza, y eso supone, entre otras cosas, que los que escribimos, tengamos que pasar estos bochornos, intentando disfrazar de buenas palabras lo que su mejor piropo sería un eufemismo.
En fin, estimados señores de Telecinco, disculpen mi sinceridad y frescura, supongo, por otra parte, que esas han podido ser algunas de las razones que les han hecho fijarse en mí, o mejor dicho, en mis letras. No obstante, aplíquense el eslogan de Bea, "feos somos más" y... feos y cosas feas, hay de muchas clases.
Y, yo, no sé si fea o guapa (véase foto con Rufo), encantada de escribir como y de lo que me gusta, porque yo lo valgo.

Sunday, August 27, 2006

paraiso sumergido


Cuando salí del hotel, miré al cielo agradecida que en mi semana de vacaciones secretas, la prensa no lograra encontrarme. Pero no fue del todo cierto, mis ojos verdes no habían terminado de parpadear cuando fui encontrada por un par de paparazzis. Asediada a preguntas, respondí algunas tan solo. Me siento en deuda con mis lectores, y no es justo que sean otras publicaciones quienes os den noticia mía.
El mes de agosto comenzó como una mala tormenta, nublados reales y ficticios, obligaciones, cero en tiempo libre, compromisos, cero en bronceado, solo mi melena rubia y mi cuerpo, en transformación milagrosa tras el mes en pilates, parecían estar a la altura de las circunstancias.
El viaje a Nueva York fue una guinda, tras él, destino frustrado a Egipto, y, aunque casi nadie lo supo, tengo que confesarlo, son ciertos los rumores sobre mi escapada romántica a Disney Land París. Y dicho esto, no tenía muchos más planes para finales del mes de vacaciones por excelencia en España, pero los planes se reinventan y así fue como acabé en el Mediterráneo.
El mar Mediterráneo ha sido durante mucho tiempo un destino olvidado para mí. Desde niña he veraneado en el Atlántico, encantada de pasar los meses estivales en Cádiz, en la desembocadura del Guadalquivir, en Sanlúcar de Barrameda, donde los anocheceres se visten de gala cada noche, donde se respiran las sonrisas..., pero este año me fue imposible acercarme a mi paraiso más querido, ya que a finales de agosto, me llamaron de Vogue. La revista iba a publicar en su número de Septiembre un reportaje de madres e hijas, mamá y yo habíamos sido elegidas, las fotos se harían en Benidorm. Una idea genial, hacía tiempo que no volvía los ojos al destino más auténticamente sesentero. El resto de la familia se animó y en un par de días hicimos las maletas, camisetas rayadas, azul marino, rojo ferrari y merceditas doradas. Destino: la costa blanca.
Benidorm es una gran ciudad, pero no satisfizo a la primera mis ideales urbanitas. Mucho fluorescente y metacrilato. Los mega edificios se asoman al mar orgullosos y no me sentí parte de todo aquello hasta que me dí cuenta que eran como hermanos menores de los rascacielos de mi adorada Nueva York.
El reportaje de Vogue trataba sobre como la gente normal también puede ser modelo, al menos por un día. Se trataba de exponer a madres e hijas vestidas por los mejores: Gucci, Dolce, Barocco... eran lo más apetecible y estaban entre las opciones. Milagrosamente, Dolce & Gabanna optó por nosotras antes de que nosotras suspirásemos por ellos. Por una tarde, las no-modelos pasaron a ser foto de portada. A la llegada, una pareja de gays vestidos de estampado negro y fucsia se acercaron, unos envíados de los italianos representaban a los astros de la moda en el Levante, nos miraron de arriba abajo, y con una sonrisa perdida y un hola de acento italiano, nos dieron la bienvenida al mundo de la moda. Tras un par de horas y varias copas de champagne, sentimos que habíamos dejado de ser no-modelos, y convertirnos para siempre en modelos de nosotras mismas, y así, imbuidas de alta costura, abandonamos la improvisada pasarela. Las fotos salen en Vogue España septiembre.
Tras la obligación, la devoción y así empezamos a disfrutar de aquella playa intensa, añil, bellísima, aunque no tanto como para superar el eterno azul griego. Mi semana ha servido para recuperar el brillo de mis ojos. Relax. De la playa a la piscina, y de la tumbona a la raqueta de tenis, genial opción para fomentar el bronceado y evitar que se manifiesten los excesos del verano. Y por la noche, visita obligada a las terrazas más cool de la playa, aunque la mejor, siempre Ku. Debería haber una en cada ciudad. Las palmeras y el chill en ella son tonificantes. ¿Sabe la gente que una amplia sesión de chill es tan beneficiosa para la mente como el mejor psicoanalista?
Y así, cuando mi piel de alabastro empezaba a tomar un leve tono dorado, surgió un accidente, en mi pecho empezaron a florecer unas manchas color fresa. Falta de protección, pensé yo, el médico opinaba lo contrario: alergia al sol. ¿Cómo podía ser? Después de veinticinco años de piel de playa, mi dermis estaba agotada de rayos ultravioletas, un pinchazo en el trasero, medicamentos, y pantalla total en crema para toda la vida, acabaron con mis ilusiones de bronceado Esteé Lauder, el erótico aceite desapareció de mis afeites y me obligaron a lo que yo ya adivinaba: nordic stile forever.
Mi piel resucitada destacaba entre los renegridos bronceados proliferantes en la ciudad, y, más que nunca, noté que deslumbraba. Los días se agotaban, pero Benidorm me deparaba aún otra sorpresa, la ciudad movió los hilos del destino para recompensar el daño en mi epidermis, y encontré todo lo que una dama desea. El mejor amigo de una mujer, cariñoso, encantador y bello, bellísimo. Se enamoró de mí y yo de él. Se hacía llamar Rufo, aunque es mundialmente conocido por mono verde africano. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, por ello os regalo la foto de arriba para que podáis comprobar en nuestros rostros la felicidad con mayúsculas. El olvidado Mediterráneo hizo que nos conociéramos y por ello nos hemos ido a vivir a él, aunque con algunos cambios, dejamos Benidorm. Si quieren comprobar nuestro amor, visítennos. Destino: Saint- Tropetz.
Les recomiendo que sigan mis pasos, mi vida ha cambiado desde entonces, Benidorm ha sido el comienzo. Y ahora, Mediterráneo, besos dorados, achampanados, pantalla total, Rufo y yo, y el sol.

Monday, August 14, 2006

silencio



La roca es para siempre, como el diamante,
y la sal se diluye frágil en las aristas grises,
como siempre.
Quisiera disolverse en un rápido instante,
para siempre.
La erosión es como la muerte.
El mar espera quieto hoy,
quizá mañana la ola despierte,
sedado sedimento de la sal en silencio.
¡Silencio!... Que no se despierte.
Tesoros escondidos bajo las piedras,
sol de rayas ladeadas,
marineros de tela manchados de añil y celeste
y el cielo vestido de arena
pero el verde siempre intenso
siempre eterno recordando verte,
hoy dormido, y sin embargo, verde
eterna palabra borracha de protagonismo.
Vístete hoy de otra manera
que no quiero verte,
siempre eterno,
maravilloso verde.

Thursday, August 03, 2006

contabilizado


La siguiente parada era Egipto. Después de Nueva York, me apetecía perder de vista el asfalto. Necesitaba algo de sol, mi piel permanecía pálida. Buscaba brisa dorada, sol verdadero, pigmentos de luz en mi piel que solo podría adquirir allí. Pero, ese sería sólo mi pasatiempo en el poco rato de ocio que me iba a quedar libre. Mis planes iban trazados desde la agencia de viajes, una macro visita a restos, tumbas, pirámides y, como guinda, varios días en El Cairo. Deseaba viajar, aunque los pronósticos no eran esperanzadores. El panorama socio-político era desalentador, atentados, inestabilidad. El sol no me abría sus brazos. Urbanita sin remedio, preferí ser precavida y quedarme en España mientras planeaba en qué dedicar el tiempo del frustrado viaje.
Tenía un par de invitaciones para un acto en Córdoba sobre empresarios y empresas. Los jardines del Alcázar de los Reyes se vistieron un día más de gala, frescos; destilaban lágrimas sus pétalos, como nutridos hijos del rocío de la mañana del mejor amanecer de alguna playa. Subían al estrado empresarios provincianos, de alto vuelo y no tan alto. Las palabras brotaban como de las piedras. En aquella reunión todos tenían mucho que decir, la mayoría dedicaban la mayor parte de las horas de su día a su empresa, ese proyecto ábido de segundos, inmejorable opción para quien tenga problemas de aburrimiento. Me perdí, martini en mano, entre aquella marabunta que me abrumaba con sus narraciones orales, diarios empresariales, beneficios, ganancias, IVA, bancos, clientes, proveedores y, dinero. El ambiente absorvía a quien lo vivía y me sentí como abducida por el mundo empresarial. Todo aquello me hizo recordar mis particulares e intermitentes andaduras por el mundo empresarial hace un año. El verano pasado, en una empresa bastante grande dedicada al textil. Pertenecía al departamento de marketing. Cuando trabajas en una oficina, por mucho que te dediques al diseño, sin quererlo y sin notarlo, respiras ese aire de papel impreso que circula por las oficinas, que se impregna en tu ropa y que se mezcla con tus humores, creando, si permaneces allí mucho tiempo, un tipo social: el oficinista.
Hoy existen de muchos tipos, pero a mí particularmente, los que me resultan más interesantes son los que proceden del siglo pasado. De escuela setentera, de patillas anchas y pantalones de campana con veintitantos; ahora, la mayoría calvos y adornados con pequeñas gafas inamovibles al final de sus narices. Otro complemento importante de estos tipos, es una máquina hoy casi desterrada, en ocasiones ya objeto de decoración y productor de ruido inconfundible de aquellas oficinas: la maquina de escribir. Oir su tintineo es como viajar en el tiempo. Estos personajes se deleitan también con los archivadores grandes y de cartón donde guardar cada documento incontables veces cada día. De ellos son herederos toda esta generación posterior de administrativos y administradores de finanzas, licenciados, diplomados, auxiliares...
Pasar el día en la oficina transforma tu visión del mundo. El oficinista no piensa como los demás, no piensa como un filólogo, ni tampoco como un veterinario o un médico, el oficinista piensa como si su ámbito de actuación fuese una hoja de cálculo. Su religión numérica se basa en un sólo mandamiento: la ley del debe y del haber. El mundo se mueve en torno a estas dos polos, estos macrocajones de la ficción numérica donde todo queda registrado a modo de memoria universal y perfecta, siempre equilibrada.
De ahí mi máximo interés por el mundo empresarial. no me apasiona pero, tengo que reconocer que el orden es una de sus mejores virtudes. El orden y la justicia aparente. Si sigues el mandamiento del "debe y el haber", el equilibrio es un hecho, nunca la balanza se derrama hacia un lado, como un tonificante flujo de energía regular, como una lluvia lenta y pareja, como el amor en su mejor faceta, una eterna correspondencia, un amor correspondido: esa es la oficina.
El orden, los cajones, la contabilidad, es como un teatro virtual de marionetas que funcionan incansables, manteniendo un ritmo incansable y productivo.
¿Sería conveniente que tomásemos nota de este micromundo y olvidásemos el caos que domina el nuestro? Quizá si fuésemos más interesados en todas las cuestiones de nuestra vida, si cumpliésemos firmemente el mandamiento del contable, nos aseguraríamos una estabilidad de por vida. Y, ¿aún así nos llegarían recibos devueltos al corazón? y... ¿quién sería el IVA? El IVA es interesante, es algo obligado, que nadie quiere pagar, pero que a todos nos beneficia, será entonces... ¿la conciencia? La conciencia es la cuerda que ata nuestros deseos, la conciencia es el aburrimiento, así es que después de esta disertación, llegué a la conclusión de que la conciencia, perdón, el IVA es el causante del aburrimiento que supone la oficina, bueno de quien lo tenga, claro.
Cuando me dí cuenta, la charla, la cena estaba casi acabada, reparían champán y yo sonrería al comprobar que mi mente seguía igual de imaginativamente fresca. Me alegré por mí y por mi viaje astral, que me permitió obviar el diario empresarial. Sería quizá, la magia del anochecer cordobés, bello, incansablemente cálido y de perfume, azahar.

Monday, July 31, 2006

Alter ego


La paz es azul. La sensación placentera en que la vida camina plácida, tranquila sin sobresaltos. La pasión adolece de nerviosismo y contamina el autocontrol. Frágil, me siento frágil como la espina ante el cuchillo. Puntiaguda pero frágil. Delgada espina sin enraizar. Las raices son como venas que conducen los latidos a buen puerto.
Desde que nos expulsaron del paraíso al principio de los tiempos, el hombre y la mujer andan en un peregrinaje que solo puede tener sentido, si lo entendemos como un autoconocimiento. El eterno retorno. La vida es perfecta, o mejor, lo fue. Se manchó y ahora respira lenta hasta el blanco absoluto. El destino escrito: volver al origen y allí, la paz. La paz del alma: la meta y la salida. El resto, el camino. La paz aparece, a veces fugaz , como el arcoiris tras la lluvia. Aparece en el leve recuerdo de mi madre cuando yo era muy pequeña, aun tomaba biberón, era invierno y me sentaba en la cocina, la miraba complacida esperando el desayuno, su cara dulce y rosada, su olor a madre, ese es el origen. Mi pijama de terciopelo rosa tras la ducha, tenía siete años. El atardecer en mi playa comiendo galletas con mi familia, el olor a sal y los paseos en la Calzada de la playa... La paz es cerrar los ojos y sonreir sin comprender la valía de la risa.
La paz es hoy saber controlar mis fatuas pasiones. Aprender a vivir una vez más y aceptar entre los comensales a la eterna adversidad. La paz es sonreirte en el espejo. La paz es comprender, es entender el sol que te hierve. La paz es mi vestido más anhelado, es mi propuesta para el invierno, es mi disfraz favorito hoy, mi eterna semblanza para mañana. La paz no es la roca con la que siento estrellarme cual ola cada mañana. El furor de mi estómago. El amarillo que se adueña de mis pupilas, tinte ácido fuente de la acritud de mi tono, mi humor desvanedido, mi gesto frío, mi sangre. La paz es mi angel de la guarda que me espera dormido en el rincón. Me esperas y te espero. Te espero, pincel de mis sonrisas. Será. Lo que tú quieras que sea. Sea...

Sunday, July 30, 2006

TENDENCIAS








Que la moda me fascina es algo tan palpable como que Warhol es absolutamente genial. Si la moda te apasiona, te apasiona París, y si te apasiona París, vas por buen camino si buscas el gurú de la moda. París nunca se equivoca y, así, la capital de la moda ha paseado estos días uno de los desfiles más interesantes de la temporada. (www.elle.es)
La moda permite a los modistos experimentar como un lienzo se deja pintar por algunas manos, aunque no siempre expertas. Pero no serán esos pinceles los que hagan vibrar las pupilas de los entendidos en arte ni de los de a pie. El arte emociona a cualquier ojo que en él se pose y hoy, una vez más inspira el diseño, el estilo, las tendencias, el vestido, la moda.
El diseñador Mattew Williamson ha estampado, pleno de originalidad, en estos días de ideas casi agotadas, sus blusones con las ilusiones imposibles del artista gráfico M.C. Escher. Rochas ha paseado por la pasarela faldas extralarge con motivos inspirados en el impresionismo del francés Claude Monet, y Marc Jacobs ilustra los minivestidos de Louis Vuitton con composiciones de colores primarios y juegos de líneas que recuerdan los famosísimos y tan homenajeados cuadros de Piet Mondrian. También la década de los sublimes, para mí, años seseanta se ha dejado ver ya este verano de la mano de las lolitas de Alesandro Dell'Acqua, con guiños sugerentes al rey indiscutible del pop art Andy Warhol. Fantástico.
Era necesario que en estos días cercanos a mi presente alguien respaldara mi amor por el arte posmoderno y encumbrarlo una vez más. Nada mejor que este homenaje de una de mis pasiones, la moda, a la madre del resto: el arte. Felicidades a Jacobs y Rochas entre otros, imitar siempre fue recomendable, si lo imitado es bueno, imitar a los grandes siempre fue un privilegio y tarea de maestros. La mirada al pasado riega de vida eléctricamente azul el ocaso del aburrido verano y abre un otoño intenso de emociones nuevas, más interesantes que nunca.
Y para entonces, la editora de a&p, les recomienda adquieran alguna de estas propuestas para vestir la ocasión inminente de sonreir. Todo un capricho artístico para colgar en tu armario.

Sunday, July 23, 2006

New York, New York


Este fin de semana decidí cambiar de decorado. Viajar es siempre la mejor opción. Andaba necesitada de nuevos aires. Convoqué a mis amigos y al señor V, organicé los vuelos, los horarios y algunas horas más tarde aterrizábamos en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York. Éramos unas ocho personas. El tiempo allí era estupendo. Nos alojamos en un pequeño apartamento en Manhattan del que me enamoré hace un tiempo. Hay algo genial que ocurre cuando se está entre amigos y es que da igual lo que hagas realmente, se está bien. Así fue. Cada quien hizo lo que le apeteció, yo me marché a la biblioteca de la esquina, donde tienen unas ediciones geniales en literatura americana y arte posmoderno. Un cappuchino, mientras paseaba por la Quinta Avenida y de compras en Prada. El resto del grupo se dividió entre paseos turísticos por el centro neoyorquino disfrutando de la ciudad.
Por la tarde, me dí cuenta que hay asuntos que flotan en el aire como el polen viaja entre las brisas, esperando un último soplo que le muestre su destino. Hice una llamada telefónica. Recordé que una vieja amiga estaba de vacaciones en Nueva York. Coincidencias. Sería genial cenar en el Soho, en uno de esos restaurantes indios, en cojines, con incienso, con especias. Un plan afrodisicamente apetecible al que nadie podría rechazar. Así fue, mi amiga apareció y cenamos en comunión entre risas conocidas. Nadie resultó ser desconocido. Amigos de otras épocas, mi velada evolucionaba a la perfección. El polen se movía. La comida, los cojines de seda purpura, los flecos dorados de los manteles, la luz desvanecida, el vino y Nueva York. Las sensaciones flotaban en el ambiente. Tras la cena, nos fuimos a la inauguración de una nueva discoteca que estaba en la manzana contigua al restaurante. Allí, más conocidos, parece que todo el mundo se había puesto de acuerdo en mis planes noctámbulos. En la discoteca, con un cosmopolitan en la mano, sobrevivía entre los dos semi grupos en los que se hábía convertido mi expedición. Cuando mejor llevaba mis trabajos, entre los más maduritos y los menos adultos, aparecio un amigo, uno de esos que disfruta en contarte las mismas historias infinidad de veces. Enamorado frustrado. Paseaba su angustia del desamor en su rostro, en su sonrisa apagada y fingida, en la actitud de falsa fortaleza que vocifera precisamente una fuerza inexistente. Con él se acabo mi libertad. Se esforzaba en ponerme al día en cuestiones que ya estaba, en frases entrecomilladas sobre conversaciones atrapadas en el aire, su corazón malherido se complacía en recordar las vilezas de una damisela que le daba calabazas sin piedad. Tan larga fue la charla que noté que el cosmopolitan no me estaba sentando muy bien, me marché al servicio pensando que iba a vomitar, tuve suerte, todo quedó en un susto. Tomé aire. Volví a la pista y de nuevo mi languidecido amigo. Le orienté hacia una nueva actitud, una nueva vida que le permitiera nuevas sensaciones y a mí me permitiera una nueva conversación. Mis deseos se cumplieron en parte, no en la actitud, pues por momentos se agrió, pero sí, aunque con el tono más ácido, el tema evolucionó. De mujeres heterosexuales fustigantes a lesbianas recién salidas del armario. El frustrado enamorado sabía los nombres de tres amantes liberalizadas que habían decidido dejar de fingir hacia el género masculino y vivir su sexualidad libremente. Dos de ellas no me sorprendieron, a pesar de la cercanía que me une a ellas, sobre todo a una, amiga de la infancia. La tercera lesbiana incipiente no era creíble, definitivamente, sus problemas con los hombres no procedían de gustos homosexuales.
En fin, acabé mareada de noticias de amoríos pero mi principal preocupación en torno a estas cuestiones salió redonda. Ayer me convertí en Cupido.
Hoy tomé el vuelo desde mi adorada Nueva York, es la ciudad de los sueños y allí se cumplen, si la suerte y la casualidad lo permiten, y, si el momento es el instante preciado en el que surge el amor. El polen de mi vieja amiga y mi amigo se asentó. Las sonrisas hoy son un hecho. I love New York.

Friday, July 21, 2006

Apolo tras el destierro


Mi hermano en una de sus largas y frecuentes conversaciones telefónicas, repetía lo que su interlocutor le relataba: "Tenemos que acostumbrarnos a lo que viene". Él asentía paciente, y lo repetía a su receptor, y a sí mismo para así poder creérselo. El 2006 ha sido un año dificil. Lo digo yo, y lo dice mucha gente.
Hablo como si fuese un manido locutor en vísperas de noche vieja. Lo cierto es que aún queda un rato para que este 2006 nos deje y llegue un impar. En mi teoría de los dígitos numéricos, hay una premisa que se cumple, y es que las cifras impares son mejores, más positivas, más energéticas que las pares, se comprueba en casi todas mis vivencias más geniales. Así espero ansiosa un 2007, que refresque este ambiente par de celestes establecidos. ¡Qué ironía! Impar es el tres, en la tradición grecolatina, en el medievo, el tres es un número mágico. En la cultura cristiana, el tres es "el número", es la unión perfecta. Quizá los pares hayan desbancado a los impares, como la derecha, por la manipulada tradición, repudió a la siniestra, tanto, que la innominó, y le regaló el albor del eufemismo: la izquierda.
"Lo que viene", esto es ¿producto de nuestros hechos o suerte? Dicen que la suerte no existe, que es producto de una serie concatenada de casualidades que el propio individuo va creando en torno a sí. Pero, si no existe, ¿cómo llamar a la fuerza que desde el nacimiento sitúa a personas en situaciones de partida tan opuestas? si no es suerte nacer en Mónaco, sano y rico, que se lo digan a los libaneses de a pie.
Bien, supongo que habrá quien se niegue a aceptar el término suerte, tomemos el de "casualidad". Creo que la casualidad es como una mano ciega capaz de mover los hilos de la vida de la gente, arbitrariamente, sin preferencias. Produce situaciones de bonanza y de tragedia sin culpabilidad. Cuestión de casualidades. Y, si es algo tan casual, llego a la conclusión de que por ello precisamente, la vida es bella e injusta al mismo nivel. Como dos caras de una moneda, la naturaleza humana danza locamente, como una balanza de ciegos.
Y tras esto, lógicamente, la injusticia, la desgracia, la desigualdad y la felicidad, la belleza, la riqueza, la salud. Es curioso como se reparte la energía positiva en el mundo. Siento que entro en un laberinto cada vez que intento dar explicación a por qué hay cierto tipo de gente que siempre debe estar resignada a "comprender", frente a otras que nunca entienden el significado tan asfixiante de ese término. Casualidades de la vida. La vida hace fuertes a quien deja de tocar con su barita, pero ¿es necesaria esta fortaleza?, ¿hasta que punto tenemos que sentirnos reconfortados por levantarnos una y otra vez después de haber caído? ¿sería lógico perder la cabeza por una vez y dejar de entender lo que la vida nos regala con esa arbitrariedad impredecible e incomprensible? ¿quién es el dramaturgo? ¿quién escribe el guión diario de esta farsa?
Mi querido hermano, el guión hasta hoy es mejor pensar que lo escribimos nosotros, es más reconfortante, nos hace sentir libres y auténticos. La respuesta es incierta y por incierta hasta hoy sin sentido por indemostrable. Disfrutemos de la singularidad que en este caso sí nos regaló la vida y sigamos eligiendo colores con los que embellecer nuestro mundo, ese que en mayor o menor medida es algo nuestro, nos corresponde por labrarlo cada día, por regarlo de sudor y risas veinticuatro mil horas al día.

Wednesday, July 19, 2006

La Cautiva



Ya el sol esconde sus rayos,
el mundo en sombras se vela,
el ave a su nido vuela,
busca asilo el trovador.
Todo calla: en pobre cama
duerme el pastor venturoso,
en su lecho suntuoso
se agita insomne el señor.
Se agita: mas ¡ay! reposa
al fin en su patrio suelo,
no llora en mísero duelo
la libertad que perdió:
los campos ve qua a su infancia
horas dieron de contento,
su oído halaga el acento
del país donde nació.
No gime ilustre cautivo
entre doradas cadenas,
que si bien de encanto llenas,
al cabo cadenas son.
Si acaso triste lamenta,
en torno ve a sus amigos,
que, de su pena testigos,
consuelan su corazón.
La arrogante ergida palma
que en el desierto florece,
al viajero sombra ofrece,
descanso y grato manjar:
y, aunque sola, allí es querida
del árabe errante y fiero,
que siempre va placentero
a su sombra a reposar.
Mas ¡ay triste! yo cautiva,
huérfana y sola suspiro,
el clima extraño respiro,
y amo a un estraño también;
no hallan mis ojos mi patria;
humo has sido mis amores;
nadie calma mis dolores,
y en celos me siento arder.
¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... no puedo,
ni ceder a mi tristura,
ni consuelo en mi amargura
podré jamás encontrar.
Supe amar como ninguna,
supe amar correspondida;
despreciada, aborrecida;
¿No sabré también odiar?
¡Adiós, patria! ¡adiós, amores!la
infeliz Zoraida ahora
sólo venganzas implora,
ya condenada a morir.
No soy yo del castellano
la sumisa enamorada,
soy la cautiva cansada
ya de dejarse oprimir.
En 1823 es ejecutado en la horca el militar liberal Rafael de Riego y Núñez, por el régimen de la monarquía absolutista regida por Fernando VII, suceso que fue presenciado por el joven Espronceda. A los quince años, Espronceda fundó con otros jóvenes una sociedad masónico-patriótica llamada «Los Numantinos» y él fue su presidente. Cuando el régimen absolutista descubrió la existencia de esta célula secreta, que se reunían en el sótano de una céntrica calle madrileña, encarceló a todos sus miembros. Espronceda fue condenado a cinco años de reclusión en un convento-prisión de Guadalajara, pero a las pocas semanas y por influencia de su padre, que ejercía de coronel, fue absuelto. En aquel convento-prisión fue donde empezó a escribir el poema épico "El Pelayo". Genial ave fénix. Hoy mi espejo: José de Espronceda.
No hablaré del romanticismo ni en general, ni en particular, eso para los que de profesión se dediquen hoy por hoy a ser filólogos. Yo me quedo con las letras, ahora sí en general. Me quedo con su sentimiento, con todo, menos con la venganza. Magnífico poema. Ya comenté cierto día la grandeza de la poesía, monstruo capaz de acoger a cualquier individuo bajo sus faldas. ¡Qué suerte saber apreciarla! Sigue siendo mi droga, mis libros, mis poemas, mis novelas, mis letras.

Monday, July 17, 2006

SeñaleS


Hasta se han agotado los capítulos de Sexo en Nueva York, mi única diversión después de mis eternos libros. Sólo queda el martini adicional y propio que cada quien se quiera autofabricar. Últimamente me he quedado sin palabras. ¿Quién duda de el final de algo? Todo se acaba, todo, menos el amor, si es que el tuyo es verdadero, claro.
El coche se rompe. Señales. Ver a tu profesora de literatura preferida en cada rincón repitiéndote que la plaza es tuya no es una señal, es sólo tu profesora preferida dando vueltas. Encontrar un trébol de cuatro hojas y guardarlo con esmero en tu libro preferido, no es ser una mujer con suerte, es ser una ilusa. Que cuando comes nueces en octubre llegue a tus manos una dividida en tres partes, no es que eres especial y la naturaleza te anuncia un destino especial, no; es solo una nuez extraña. Que tu hayas soñado ser toda tu vida con ser profesora, es... eso, sólo un sueño. Así es que el diagnóstico que me dieron es el de enferma de idealismo, soñadora crónica, definitivamente loca, loca, pero de ilusión. Así de enferma estaba yo.
Hoy, me he curado, rodeada de montones de arena, reducto de estatuas derrumbadas por el aire. La terapia: me obligan a volver al mundo, ¿por qué mejor no me dejan esconderme en mi sillón y perderme en mis libros? Hoy pido un descanso a mi persona. El partido puede suspenderse por un tiempo, no lloraré porque se difumine mi vida entre tanto. Necesito sonreir.
Las pequeñas necedades, que los ilusos como yo, creemos señales, se convirtieron en seres importantes y a los que de manera inconsciente les otorgué un poder que no supe controlar. Olvidé cuál es su función en la vida y de repente, me sorprendí bajo una sombra que oscurecía mi persona, como un gigante de sueños del que yo iba a ser paradójicamente su alimento. Crecieron como ilusiones sin sentido, se reprodujeron como setas junto a árboles, al amor de la brisa más fresca, en el resquicio más azulado de mi mente, allá donde sobreviven hoy ya sólo algunos sueños.
En ese bosque de sombras, de verde intenso ha sobrevivido hasta hoy una de mis últimas manías: contar dígitos de cifras. Los dígitos de mi cumpleaños, de mi DNI, de su cumpleaños, de mi fatídico número de opositor, etc. Cuando salieron las bolas del primer exámen, fueron los temas cinco y cincuenta, sumados, dan diez, un número redondo. Y mi mente se imaginó que eso, unido a que aquel tema lo sábía de principio a fin, me ayudaría a que en un futuro próximo, mi futuro fuera de diez. Nada salió redondo ni tampoco sumó diez. Lo más triste de todas estas autofórmulas de sonrisas inventadas, cafeina de pensamientos, es que acabas creyéndotelas y es cuando la ilusión desvanecida te mata, como un aire disfrazadamente adulterado.
Lo mismo ocurrió con las reliquias y demás objetos de índole religiosa, de nada me sirvió el rosario milagroso, milagroso de veras, pero no tanto para salvarme de las injustas tres décimas que me separaban de aquel ridículo cinco que era mío. Para quienes como yo, pensaban que encontrarse una araña daba buena suerte, desde aquí les abro los ojos a la realidad: tampoco es cierto. Las arañas son animalillos, componentes del medio rural y, si aparecen en nuestro medio urbano, es por dejar una ventana abierta o por el último cactus que adorna la habitación. Así es que que nadie rodee nunca más una escalera por miedo a pasar por debajo, sigan su camino, la desgracia no está en los signos, nada más absurdo, la desgracia, la suerte, la risa, el tormento, como el azul y el amarillo están en el contexto.
Quintiliano no entendía la originalidad, un concepto muy romántico, sino que opinaba que todo estaba inventado ya, sólo era cuestión de desempolvarlo y colorearlo ayudados de la retórica. Algo semejante opino yo, los romanos eran demasiado supersticiosos, olvidémonos de augurios absurdos, que no nos asusten más leyendas, ni esperanzas piratas. Todo está, sonríe mientras llega, nada más. Ahora he decidido no perder el tiempo adivinando, ilusionada en señales que despisten mi rumbo, la meta está y esa no se me pierde, el resto no es más que otra manera de perder el tiempo.
La fábrica de sueños por ahora está arruinada, no llamen ahora a esa puerta, se adivina cerrada por segundos indefinidos en la melodía del tiempo... y, los pies, fríos en el suelo.