Thursday, August 03, 2006

contabilizado


La siguiente parada era Egipto. Después de Nueva York, me apetecía perder de vista el asfalto. Necesitaba algo de sol, mi piel permanecía pálida. Buscaba brisa dorada, sol verdadero, pigmentos de luz en mi piel que solo podría adquirir allí. Pero, ese sería sólo mi pasatiempo en el poco rato de ocio que me iba a quedar libre. Mis planes iban trazados desde la agencia de viajes, una macro visita a restos, tumbas, pirámides y, como guinda, varios días en El Cairo. Deseaba viajar, aunque los pronósticos no eran esperanzadores. El panorama socio-político era desalentador, atentados, inestabilidad. El sol no me abría sus brazos. Urbanita sin remedio, preferí ser precavida y quedarme en España mientras planeaba en qué dedicar el tiempo del frustrado viaje.
Tenía un par de invitaciones para un acto en Córdoba sobre empresarios y empresas. Los jardines del Alcázar de los Reyes se vistieron un día más de gala, frescos; destilaban lágrimas sus pétalos, como nutridos hijos del rocío de la mañana del mejor amanecer de alguna playa. Subían al estrado empresarios provincianos, de alto vuelo y no tan alto. Las palabras brotaban como de las piedras. En aquella reunión todos tenían mucho que decir, la mayoría dedicaban la mayor parte de las horas de su día a su empresa, ese proyecto ábido de segundos, inmejorable opción para quien tenga problemas de aburrimiento. Me perdí, martini en mano, entre aquella marabunta que me abrumaba con sus narraciones orales, diarios empresariales, beneficios, ganancias, IVA, bancos, clientes, proveedores y, dinero. El ambiente absorvía a quien lo vivía y me sentí como abducida por el mundo empresarial. Todo aquello me hizo recordar mis particulares e intermitentes andaduras por el mundo empresarial hace un año. El verano pasado, en una empresa bastante grande dedicada al textil. Pertenecía al departamento de marketing. Cuando trabajas en una oficina, por mucho que te dediques al diseño, sin quererlo y sin notarlo, respiras ese aire de papel impreso que circula por las oficinas, que se impregna en tu ropa y que se mezcla con tus humores, creando, si permaneces allí mucho tiempo, un tipo social: el oficinista.
Hoy existen de muchos tipos, pero a mí particularmente, los que me resultan más interesantes son los que proceden del siglo pasado. De escuela setentera, de patillas anchas y pantalones de campana con veintitantos; ahora, la mayoría calvos y adornados con pequeñas gafas inamovibles al final de sus narices. Otro complemento importante de estos tipos, es una máquina hoy casi desterrada, en ocasiones ya objeto de decoración y productor de ruido inconfundible de aquellas oficinas: la maquina de escribir. Oir su tintineo es como viajar en el tiempo. Estos personajes se deleitan también con los archivadores grandes y de cartón donde guardar cada documento incontables veces cada día. De ellos son herederos toda esta generación posterior de administrativos y administradores de finanzas, licenciados, diplomados, auxiliares...
Pasar el día en la oficina transforma tu visión del mundo. El oficinista no piensa como los demás, no piensa como un filólogo, ni tampoco como un veterinario o un médico, el oficinista piensa como si su ámbito de actuación fuese una hoja de cálculo. Su religión numérica se basa en un sólo mandamiento: la ley del debe y del haber. El mundo se mueve en torno a estas dos polos, estos macrocajones de la ficción numérica donde todo queda registrado a modo de memoria universal y perfecta, siempre equilibrada.
De ahí mi máximo interés por el mundo empresarial. no me apasiona pero, tengo que reconocer que el orden es una de sus mejores virtudes. El orden y la justicia aparente. Si sigues el mandamiento del "debe y el haber", el equilibrio es un hecho, nunca la balanza se derrama hacia un lado, como un tonificante flujo de energía regular, como una lluvia lenta y pareja, como el amor en su mejor faceta, una eterna correspondencia, un amor correspondido: esa es la oficina.
El orden, los cajones, la contabilidad, es como un teatro virtual de marionetas que funcionan incansables, manteniendo un ritmo incansable y productivo.
¿Sería conveniente que tomásemos nota de este micromundo y olvidásemos el caos que domina el nuestro? Quizá si fuésemos más interesados en todas las cuestiones de nuestra vida, si cumpliésemos firmemente el mandamiento del contable, nos aseguraríamos una estabilidad de por vida. Y, ¿aún así nos llegarían recibos devueltos al corazón? y... ¿quién sería el IVA? El IVA es interesante, es algo obligado, que nadie quiere pagar, pero que a todos nos beneficia, será entonces... ¿la conciencia? La conciencia es la cuerda que ata nuestros deseos, la conciencia es el aburrimiento, así es que después de esta disertación, llegué a la conclusión de que la conciencia, perdón, el IVA es el causante del aburrimiento que supone la oficina, bueno de quien lo tenga, claro.
Cuando me dí cuenta, la charla, la cena estaba casi acabada, reparían champán y yo sonrería al comprobar que mi mente seguía igual de imaginativamente fresca. Me alegré por mí y por mi viaje astral, que me permitió obviar el diario empresarial. Sería quizá, la magia del anochecer cordobés, bello, incansablemente cálido y de perfume, azahar.

3 comments:

tu usuario más anónimo said...

De nuevo en tus viajes. Ojalá uno de ellos se hiciera realidad cruzando nuestras vidas. Me gusta verte así. Me encanta el dibujo y es como si te viera.
Este breve e insulso comentario es a modo de despedida. Confío en encerrarme cual cárcel perdida y lejana, desconectarme del mundo, de mi propia vida, y poder hacer algo por mi, por si aún tengo remedio, por si aún hay algo que salvar.

deke said...

Temblad, Deke está aqui...

Queridísima amiga Majo, he vuelto a ti. Un placer, como siempre, leerte.

Apenas he deshecho las maletas. Aún tengo arena y huelo un poco a sal.

Me he traido de la bahía gaditana muchos objetos de deleite: el sonido de las olas al atardecer; la imagen de una pareja de quinceañeros compartiendo un helado; la sonrisa de un bebé desnudo emborrizado en arena; la mirada de mi hermana perdida en el horizonte; la imagen de mi novio jugando a lo lejos con las olas...
Y mis lágrimas cayendo a escondidas mientras paseaba por la playa, al escuchar una voz que gritaba: "Abuela...Mira esto, corre, ven!!"

A ti, "al usuario más anónimo" te regalo la sonrisa del bebé. Y si lo deseas, te construyo unas alas de espuma de mar,Azahara te puede dar fe de que funcionan.

A ti, flor de loto, te reservo la imagen de los enamorados, sé que puedes imaginarla sin esfuerzo.

Un beso fuerte. ¿Nos vemos pronto prontísimo?

Majo Caracuel said...

me quedo con tu sonrisa, es lo más preciado