Wednesday, November 07, 2007

tráfico



Después de tanto viajar he aprendido a dialogar con las señales de tráfico. Las conversaciones son aburridas si el interlocutor es inexistente, los amaneceres son despistados y ya han dejado de sorprenderme de repente… las pinceladas blancas del asfalto casi nunca se equivocan de dirección… y entonces, de repente, me encuentro a solas. El miedo. La soledad: protagonista de mis desquiciados temores se ha mudado al asiento de mi acompañante invisible. A mis veintiséis años empiezo a saber lo que significa tener un amigo invisible.
Una hora al día es poco tiempo en función de si la dedicas a la lectura, el deporte cardiovascular o imaginar las invisibles moléculas de la luz… para mí es un tiempo ineludiblemente importante en que obligatoriamente quedo conmigo misma y tengo que aguantar mis razonamientos novelescos, mis fantasías desorbitadas y mi reñida responsabilidad, amiga inquebrantable de la conciencia que ata las alas de mi divertida irregularidad mental. Por suerte la razón me acompaña en casi todos mis paseos y… mi locura se ha visto disminuida de manera inversamente proporcional a la subida de los precios. En este mundo tan absolutamente material, deberíamos volver a pasear por los senderos oscuros de nuestra mente. Quizá debería ponerse de moda nuevamente el psicoanálisis.
Y así, me encuentro cada mañana y cada mediodía con media hora respectiva en las que volcar cada una de mis reflexiones, cinco minutos para cada una de mis clases de la mañana, y creo que me sobran minutos para reflexionar sobre los besos que se pasean por mi cuello, el cigarrillo que me encanta fumar una vez al día y esos libros que me enamoran y no puedo tocar. Volante en mano disfruto del hiriente sol en mis dilatadas pupilas, el verde no se lleva bien con el orgulloso sol del mediodía y la lluvia se retrasa en el calendario. Yo deseo cada mañana observar el amanecer derretido en gotas de agua húmeda.
Ahuyentada por mí misma y mi imaginación desorbitada, resuelvo llegar en treinta minutos exactos a mi destino y la supuesta ordinariez del día se torna fabulosa. El código de tráfico es unidireccional, y no podrá reflexionar sobre el episodio que orquesta cada día en mi calendario. Tampoco mis reflexiones metalingüísticas diarias serán conscientes de las sonrisas que abrigan entre tanto significante, tanto sujeto supuestamente omitido y tanta metáfora surrealista… La surrealista soledad de mi otoño ahora lleva mi perfume: se llama una hora al día de miradas al asfalto, de guiños al código, y entre tanto, enamorada de las señales azules, las que no prohíben pensar ni acelerar con libertad.

4 comments:

deke said...

Deduzco leyendo entre lineas; que tiene usted ojos verdes, que es joven y que, además, lucirá pronto vehiculo nuevo.
Todo alegrias y yo, valga la redundancia, me alegro.

deke said...

Deduzco leyendo entre lineas; que tiene usted ojos verdes, que es joven y que, además, lucirá pronto vehiculo nuevo.
Todo alegrias y yo, valga la redundancia, me alegro.

Majo Caracuel said...

Modelo de estructura deductiva correcta! Confirmo la exclusiva: le he pedido al rey Baltasar un nuevo coche y..., parece que viene en camino.
Pista: rojo Valentino.
un besito, mi niña.

Santi said...

Aunque vuelva a relucir mi vena política izquierdista el Estado debería encarcelarte por dedicarte a dar clases perdiendo el tiempo sin estar escribiendo y publicando cosas. ¿Cómo osas seguir en esta situación? ¡A la cárcel hasta que cambies de actitud!

En fin, me estoy quedando un poco tocado con tanta cosas que hacer pero sólo darte de nuevo la enhorabuena. Es un escrito maravilloso, consigues que nos traslademos a tu vida, que durante treinta minutos hayamos viajado de copiloto contito en tu coche, que nos haya dañado los rayos del Sol nuestros verdes ojos... ¡Chapeau1