Thursday, October 19, 2006

mejor en polvo


Resulta interesante llegar a la conclusión de que cuestiones de alto nivel metafísico, esas que durante siglos han colmado los pensamientos de generaciones y siempre afectando incansables, como golpes de reloj, de ese mismo modo incesante, pueden llegar a simplificarse y darte cuenta que quizá puedan ser solventadas de otra manera, tan simple como tomarse un vaso de leche. Y es que de tazas, de leche y de dulces va el tema.
¿Hay algo más dulce que el amor? ¿Un bombón? Siempre que no sea de chocolate amargo, la mayoría estaría de acuerdo, siempre que no se me incluya en la mayoría, porque aunque sea difícil de creer, hay gente a quien no le gusta el chocolate, pero no por ello, el dulce, ni tampoco lo que aquel conlleva.
Esta tarde hablaba con una amiga, conversábamos sobre las cosas sin importancia, sobre como las cosas más triviales, a veces, se vuelven fundamentales. Ya lo dijo nuestro amigo Bunbury, no hay nada mejor que una simplicidad para conseguir las mejores y más intensas sonrisas. Las conversaciones de amor y de amantes son muy complejas, aunque el tiempo demuestra, que normalmente la solución más simple, suele ser casi siempre la correcta.
Me decía mi anónima amiga que la gente dice que el sexo es un sustitutivo del amor. Esto hay que explicarlo, nada puede sustituir el sexo, sobre todo, cuando es bueno, pero sí es cierto, que la gente se cobija en el sexo cuando se imposibilita la tarea de encontrar esa oveja que puede convertirse en tu pareja. Pero, ¿y cuando falta el sexo? Cuando escasea el segundo plato, el mundo no se acaba. Siempre queda un tercer plato, una ventana que queda siempre entreabierta para los más necesitados, para esa urgencia descalificada, una opción políticamente correcta, que no acarrea problemas de conciencia ni rubores sorpresivos, ni reflexiones al día siguiente, ni compromisos no deseados, ni siquiera necesita un cambio urgente de lencería, y esa piedra filosofal es el chocolate.
Sí. Ese placer de color marrón que cruzó el charco hace un tiempo, droga para algunos, condena empalagosa para otros, cola cao para los tímidos, sin leche para los apasionados, para enloquecer con almendras, y blanco para los que gustan los disfraces..., y, en polvo, para los clásicos.
En fin, el chocolate es el mejor sustitutivo para el sexo, así está considerado. Abalado por innumerables películas, el cacao al igual que el helado de pistacho es el mejor consolador, enamora nuestro paladar y le regala el más placentero chupetón, caliente y frío, único y sólo tuyo, aterciopelado, crujiente, cremoso, irisado, en filamentos, en gotitas..., el formato a gusto del consumidor. Sólo tiene un problema: es una máquina de producir calorías, aunque aplicado en el trasero es uno de los más potentes anticelulíticos, un auténtico partidazo.
Y es que la zona M, aquel recién inaugurado corner amapolado, os invita a sorbitos de chocolate caliente a tono con este otoño apasionado que ha llegado de repente, con esta lluvia que me hace sonreir, para tomar en tacitas de porcelana beig, como sacadas de una novela de Jane Austen.
¿Quién da más? Chocolateados, entre lluvia, sin el odioso sol amarillo, nos pasamos a la terracota, a los marrones, a los verdes perdidos, a tendernos en el musgo. Sonrían que ha llegado el invierno y nada mejor que disfrutarlo tendiditos bajo las mantas.
Prblema resuelto. Que ya no quedan secretos ni problemas irresolubles, y en el amor, o mejor, en la calentura de los sentidos, el enfermo se cura con derroches de cacao. Terriblemente afrodisíaco.
¿Y después? Después, eso de cada oveja con su pareja, o, al menos, reunión de ovejas, perdón, de parejas.

5 comments:

Anonymous said...

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No merece tu post más "erótico" un único "comentario" fruto del cansino y molesto spam que invade internet. Tu descripción de los chocolates, de los helados, de los chupones, gotas y polvos, componen un enigmático texto que más bien podría configurar un críptico kamasutra para los sentidos. Si no hay amor, que no nos falte el sexo, si no hay sexo, siempre nos quedará el chocolate. Parece que fueran tres paraísos excluyentes. ¿Y si no lo fueran? ¿Y si el delirio de la pasión se encendiera al sabor y al tacto del chocolate que se derrite en los labios, que buscan otros labios, que estrechan otro cuerpo, que estallan de placer, reconociendo en el otro a la persona amada?

maherencia said...

Delicioso. Los juegos de palabras en este texto son de una gran calidad. ¡Hurra!

Flor de lis said...

Es un honor inspirarte.
Yo soy de esas personas apasionadas que eligen el chocolate negro, sin leche, amargo e intenso. Pero puestos a elegir prefiero sexo y siempre, si es posible acompañado de amor, y endulzado con chocolate.
Muchos besos guapa y nunca dejes de ser como eres.

Tu usuario más anónimo said...

¡Tanto tiempo sin leerte y no imaginaba que el nivel estuviera por donde está! ¡POR LAS NUBES! Como dicen tus seguidores, este artículo es, en 2 palabras, "in-creíble". Además de las connotaciones, el tema del chocolate tiene mucho que ver conmigo, ya lo sabes. Espero que te acordatas de mi un poquito.
POr ciento, me ha encantado leer el relato sobre las FM frente a los mediocres del boli bic (siempre superándose) y,por supuesto, me ha encantado saber que se nos casa!!! QUé ilu!!! La prime!!! Cuándo será el sonado evento!!! A quién venderemos la exclusiva? Supongo que JJ y la Alcaide serán la 1ª opción, no?
Os quiero a todas