Thursday, February 15, 2007

mariposeando


Supongo que tod@s conoceréis esa leyenda urbana en la que se dice que el amor desaparece en un período de dos años y medio o tres años desde el momento en que la pareja empieza a interactuar. Me resulta un tanto incomprensible entender como hay parejas que mueren de amor cuando su cónyuge desaparece o más aún, cuando veo a parejas de veintitantos años de unión indisoluble. ¿Dónde está el baremo entonces?
Resulta que el amor en este siglo XXI ha dejado de entenderse como una fuerza invisible que rige el órgano más romántico de nuestro cuerpo: el corazón. Ahora todo se trata de moléculas y hormonas, conexiones y reacciones eléctricas. Pero cómo se puede explicar que se produzcan estas alteraciones sólo con un tipo de personas? ¿Existirán hormonas compatibles? ¿El cuerpo humano está dotado de una especie de sensores capaces de detectar los parámetros internos de los pretendientes en potencia?
Quizá sea así, lo cierto es que a día de hoy, aún no comprendemos qué fuerza es la encargada de sensibilizarnos ante un/a desconocido/a, de sonreírle inesperadamente, o de empezar a movernos por los harto conocidos revoloteos de las mariposas en el estómago.
Para mí, el amor es como una descarga eléctrica inesperada. No sabes cómo ni por qué conocer a una persona en un momento inesperado puede reconducir el rumbo de tu vida. La pregunta es, ¿y por qué sólo y exclusivamente con esa? ¿Por qué no ocurre con caballeros o damiselas que trabajan a diario para conquistar a alguien? Resulta casi incoherente, pero la realidad nos demuestra, sin embargo, que un individu@ desconocid@ puede ganar todos los trofeos de la guerra de amor con tan solo una mirada.
Encontrar el amor, el verdadero, resulta hoy una tarea más que complicada. Es cierto que es inútil buscarlo. Aparece de repente, aunque puede ayudar estar en el momento justo y el lugar adecuado, o, al menos, frecuentarlos de vez en cuando. El problema es que no sólo se trata de encontrar a ese amor ahora “personificado”, sino que esa “persona” haya sentido la famosa descarga de de Cupido del mismo modo que tú. Ahí es donde radican la mayoría de los problemas amorosos de la actualidad. Cuando el desequilibrio aflora desde el comienzo suele ser difícil conseguir la armonía con el tiempo. El amor es un asunto irracional por más que queramos organizarlo, analizarlo o hasta negociarlo. Hay parejas que se auto engañan pensando que su media naranja aun necesita tiempo para sentir ese algo especial que ellos sienten y deciden hacer responsable al tiempo de la fotosíntesis emocional. “Cuestión de tiempo”. Casi nunca se produce. Pueden pasar meses e incluso años… y el resultado suele ser el mismo que al principio: desequilibrio y por consiguiente, infelicidad o al menos, no una felicidad absoluta.

El amor sigue siendo hoy un valor en alza por más que lo quieran vender de aspirina o enseñarlo al mundo en versión radiografía. Sea como sea, hay algo en él que aún no han podido explicar las hormonas. Si hoy se pelea por conseguir un céntimo, por conseguir la mejor hipoteca y un ascenso, que mejore la situación económica de cada uno, no podemos olvidar que si hay algo por lo que merece la pena luchar es por encontrar la idílica media naranja. Quedarse con la fruta equivocada no merece que llamemos amor a lo que puede ser tan sólo una elección precipitada. En cualquier caso, lo más inteligente es dejarse llevar por el vuelo rotundo de las mariposas en el estómago.

3 comments:

Un usuario muy anónimo said...

Me parece un artículo sencillamente "genial". Retrata a la perfección el intrincado mundo de los sentimientos y las pasiones, elementos a veces contradictorios. Magnífico reflejo del estado por el que pasa el amor en nuestros días. Ojalá estuviésemos en tiempos de Garcilaso!
Lo me no que ha quedado muy claro es el momento por el que tú estás pasando. ¿La crisis de los dos años y medio-tres, desengaño, desequilibrio o enamoramiento eterno? Un abrazo.

Majo Caracuel said...
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Majo Caracuel said...

eterno es un término perfecto