Friday, April 28, 2006

cuartel de invierno



28 de nuevo, abril, primavera velada, lunares de agua en las aceras, un destino: entre papeles, un lugar: mi cuartel de eterno invierno: la biblioteca. Este pequeño artículo lo dedico a cuantos individuos pasan sus horas entre letras y números, entre libros, antiguos y modernos. Sentados en sillas de asientos semi trabados, semi destruidos, mesas verdosas, semi tatuadas, semi limpias, olor a lápiz y a sudor adolescente. Miradas cómplices, sonrisas calladas y no tanto, agobios fingidos y ciertos, mismas conversaciones, año tras año, mismo horario, misma vista en las ventanas, mismo clima: eterno invierno a cuarenta grados a la sombra.
Hoy también para quienes se niegan a envejecer, para esa pareja de abuelos que visita cada día los mismos asientos, las mismas mesas, con sus gomas de borrar, con sus arrugados folios, con su olor a viejo, aprendiendo inglés, a la vejez, un aplauso para vosotros, aunque no os conozco, y aunque no me conoceis, porque vivir es ver volver.

3 comments:

Deke said...

Recuerdos de biblioteca:

-"¿qué no se pueden sacar los del punto rojo?"

-"Oiga, en el ordenador pone que está disponible y ...no lo encuentro"

-"hijos de p.... ya han vuelto a esconder las ediciones críticas"

-"Jod...¿quién ha subrayado con fluorecente el Alborg?"

-Madre mía que frío, ya mismo le mango a la novata el radiador

-FOcas, ¿paramos y nos vamos con el amigüito a la cafe?

libertanguera said...

las bibliotecas ya no son lo que eran deke, aunque tengamos abuelitos que estudian inglés, hay algunas bajas importantes... ¿verdad, majo? por otra parte menos mal, porque solitas ya nos entretenemos bastante, besitos.

Anonymous said...

Si el hombre pudiera decir...
Y los manuales de Emilio Alarcos. Y esa antología de literatura hispanoamericana. La Historia de la Lengua, la Fonética y Fonología... siempre nos quedarán las clases de literatura.
Una clase de Literatura del Siglo de Oro. Nada se parece a cuando aún queríamos ser escritores. José Agustín Goytisolo da un recital en una clase cercana. ¿Por qué estudiar la literatura diseccionada en fríos análisis cuando los ecos de las palabras para Julia resuenan tan cerca? Casi como sonaban en la Plaza de Mayo de Buenos Aires en la música de Paco Ibáñez, en la voz de las madres de la memoria. Tan sólo dos semanas después saltaba por la ventana.
Examen de lingüistica. Un libro de García Montero al lado. Unos versos que nos salven, que nos hagan recordar que estamos aquí porque soñábamos. Quizá porque aún soñamos. Y el tiempo cambió los versos por el plan de cuentas. Y las palabras de Javier Egea nos hacen recordar que antes de Luis aún había poetas que no se traicionaron.
Y las bibliotecas siempre abiertas en los corazones, como aquella de Babel, siempre Borges, sumidos en el vértigo infinito de nuestra sinrazón.
Un buen post para empezar. Sólo queda saber si Miguel de Unamuno te ha pedido derechos de autor por emplear su título. O quizá tú también estás convencida de que la unica pedagodía verdadera es la del amor.