Monday, April 24, 2006

Frikis: de moda?



Los frikis sin saber muy bien cómo, se han convertido en una realidad que sobrevive al día día por unas razones que aún no tengo muy claras. Es por eso que dedico estas letras a mis lectores con el fin de crear una comunicación bidireccional y hablemos en torno al fenómeno.
Para ejemplo un botón: la famosísima canción "Opa voy a jasé un corrá" que así aparece en multitud de páginas de internet, la gente tararea y la califican como la canción de este vernao 2006. ¿Qué ocurre? La gente criticaba a las Ketchup por esa canción sin sentido que las lleva a Eurovisión y sin embargo se deleitan en esta ofensa al buen gusto.
El cantante que desde el 86 trabaja en y para la música, colaboraba con Daniel Moreno en Canal Sur, etc. (fuentes periodísticas), el controvertido Koala, que así se hace llamar esta estrella del denominado "rock rústico", no cumple los cánones de lo que hoy todos buscan y tanto se critica: cuerpo "danone", sonrisa "profiden", labios carnosos... en fin, digamos que es más normal que todo eso, nada de bronceado, aparece con la cara tiznada de humo por la quema de rastrojos en el emplazamiento anhelado que él llama "corrá". Y todo eso está muy bien, pero ¿No os recuerda esta figura a una mezcla de Torrente con un renovado aire rústico? Quizá sea la versión populachera de aquel tópico que Guevara se ajenció, el famoso "Menosprecio de corte y alabanza de aldea".
Lo cierto es que no hace mucho mientras almorzaba en un restaurante italiano, los camareros bromeaban entre ellos con la singular pieza musical, y los jóvenes, entre los que me incluyo, pero entre los que no comparto gustos a menudo, se divierten con el tema y lo han convertido en la estrella de sus jergas. El Koala es famoso: esto es un hecho.
Es cierto que a lo largo de la historia, España siempre ha sido muy del gusto de lo popular y al margen de tendencias siempre se ha entretenido con lo más autóctono, lo más nuestro, pero esto ya sobrepasa lo entendible y hasta "lo razonablemente popular". ¿Será cierto que se está perdiendo el buen gusto? ¿o quizá "el todo vale" posmoderno ha tocado techo? ¿por qué gustan tanto estos "pseudo-torrentes" baratos?
Os dejo el enlace, y juzgad vosotros mismos:
http://www.youtube.com
La autora de estas letras, deja las preguntas en el aire, espero vuestros comentarios. Yo me marcho con la música a otra parte, en mi caso con Robbie Williams, y para los españolitos, un reconocido homenaje a Santiago Auserón y su genial "Radio Futura".

3 comments:

carrie bradshow said...

Entiendo lo que dices, mi querida amiga majo! aquí desde el otro lado del mundo, en Nueva York, hemos desestimado por completo a esos fenómenos mezcla patetismo y frustración disfrazada!
tienes pendiente aquel artículo en mi periódico, ya sabes, The New York World y un cosmopolitan conmigo y con mis amigas.

Anonymous said...

Magnífico post, que desde el anonimato me atrevo a comentar.

Existen dos tipos de frikies, por un lado tenemos a los representantes del humor zafio, muy relacionados con la telebasura, famosos de medio o ningún pelo, que frecuentemente se asoman a nuestros televisores pidiendo limosna, eso sí de una forma muy rentable.

Existen sin embargo otro conjunto de freaks, los auténticos, como el Koala, que en este post nos ocupa, que representan el verdader espirítu freak, el espíritu de la ruptura con la automatizada realidad, es la crítica más ácida a la realidad absurda en que la sociedad tiende a caer, es la brisa que alivia el calor de la rutina, es sin duda nuestro corral, es la alegoría a las cosas sin importancia, es sin duda una maravillosa expresión de inteligencia.

P. said...

os habeis planteado que quizás no esté actuando.
Quizás el andaluz habla así y en el rincon de la victoria pueda ser normal...lo que en madrid veias como "cateto"

os dejo este artículo publicado en LA VOZ DE CADIZ a ver que os parece...el autor es RAFA MARIN.

798. REALIDAD NACIONAL
A veces uno tiene la impresión de que a estas alturas de la película lo único que nos iguala es la manía de querer ser todos diferentes, pero sin la coletilla esa tan hermosa, y de la que deberíamos aprender, que tienen los yanquis en los billetes de a dólar: E pluribus unum. O sea, y de todos uno. No sé si vieron ustedes la celebración el miércoles pasado de la victoria liguera del Barça y la eclosión allí mismo, en la fuente de Canaletas, de cientos de banderas político-deportivas a cual más estrafalaria. Pues verán cómo lo imitamos.

Andan nuestros políticos a la greña por un quítame allá este término, y aunque es comprensible que a la hora de repartir la tarta nadie quiera ser menos que el vecino, hay en todo esto algo que se me escapa. Estábamos reivindicando nuestro sitio en una Europa unida y transfronteriza, ¿recuerdan? Ahora de pronto a todos lo que parece que nos interesa es que corra el aire entre nuestra barriada y la comunidad de vecinos de los de la plazoleta de la esquina. Pero, por supuesto, que los de esa otra comunidad de vecinos ni osen decir que son ellos los más guais, distintos, limpios y decentes. Porque los guais, distintos, limpios y decentes somos nosotros o no lo es nadie. ¿Que unos tarados no nos dejan vender muñecas de Lola Flores? Pues nada, nosotros venderemos otro tipo de butifarra.

Les confieso que estoy a punto de tirar la toalla en esto de intentar comprender no quiénes somos y de dónde venimos, sino adónde vamos y quién va a pagar al final las copas. Verán, esta semana me he pasado las horas escuchando el último disco del maestro Serrat (en catalán, sí), y a la vez disfrutando de la jocosa vuelta de tuerca al mundo de la música que supone el salto al primer plano de El Koala. Ya saben, ese zagal talludito del opá y el corralillo, que alcanza el éxito con la canción más pachanguera de su interesante disco. A Serrat lo amamos todos porque es un poco nuestro hermano mayor, con quien hemos compartido tantas cosas y con quien siempre buscamos puntos en común. No le está pasando lo mismo al bueno del Koala, cuyo cerrado acento andaluz y el tono descaradamente cateto de sus canciones ha levantado ampollas en algunas partes del norte de nuestro país, porque dicen que no se le entiende lo que canta. Tampoco se entiende a Los Beatles, ni a los Rolling, ni a Frank Sinatra, y la gente compra sus discos y se identifica con sus canciones. Más allá del éxito de lo que amenaza con convertirse en la canción del verano, el Koala está cantando de lo que conoce con el habla que conoce, y no hay que remontarse a Horacio para reivindicar la vida bucólica del campo.

Porque la gracia es que El Koala, sí, habla de eso que todos hemos dejado atrás, del campesino que sin duda fueron nuestros antepasados, pero lo hace desde una perspectiva musical moderna, pura fusión, donde alternan el flamenco con el heavy rock, el funkie con el rap, las influencias de Kiko Veneno (un catalán criado en Sevilla) con las de Bob Marley (que como todos sabemos nació en Dos Hermanas). De su mezcla de influencias sale la originalidad y la gracia. Y no es un caso sólo en el mundo de la música: No sé en qué se diferencian hoy los jóvenes de Tokio de los que el otro día, en Jerez, visitaban el salón del manga, ni creo que en el barrio de Queens vean películas distintas que las que nosotros vemos, si hasta los estrenos cinematográficos son simultáneos y cualquier serie de televisión que se estrene al otro lado del charco aparece en Internet a las veinticuatro horas, convenientemente subtitulada a cualquier idioma del mundo. Vestimos igual, bebemos lo mismo, anhelamos los mismos coches y tenemos colgadas en las paredes los mismos pósters. Y, como dice el Koala en una de sus canciones, nadie es mejor que nadie.

A veces uno escucha hablar de derechos históricos, de realidades nacionales, de características propias de cada población de españolitos y ve que sí, existen sin duda, pero no son muy distintas ni para nada superiores a las de las de gente que vive a miles de kilómetros de distancia y tiene otra lengua y otra educación y otras banderas.

Lo dicho: uno era de los convencidos de que caminábamos hacia la aldea global. Lo que no sabíamos era que esa globalidad era en el fondo tan aldeana.


(Publicado en La Voz de Cádiz el 8-05-06)