Friday, June 09, 2006

Déjame, pensamiento, déjame...


"Las palabras son barcos /y se pierden así, de boca en boca,/ como de niebla en niebla." Con estos versos sobrellevaba el mediodía de hace unos días, recreándome en un encuentro inmediato. Los poetas son para los que adoran la poesía, mi caso, como dioses profanos, entes cultos e inalterables que sobreviven al tiempo y al espacio.
Hace unas semanas en uno de los corchos de la biblioteca colgaron una lectura de poesía, en la casa del Inca, en un patio anaranjado, con diminutos arcos. El poeta: Luis García Montero.
Después de días eternos de horas inalterables rodeada de folios, lengua, literatura, de calendarios coloreados, sabía que la poesía podía ser un buen veneno para olvidar la realidad. Así fue.
Escuchar a Luis García Montero es simplemente diferente. He ido a diversas lecturas poéticas y nunca había sentido algo parecido, si me permitís que me deleite en mi particular sensibilidad. Él traía sus libros, se sentó en una mesa muy cercana al auditorio y las palabras empezaron a fluir tan simples, tan airosas como la brisa mueve una alameda, susurrante, limpia.
Es un lujo escuchar a un poeta, sobre todo si lee su poesía. Mis respetos a quienes recitan poesía, pero tengo que reconocer que muy pocos consiguen conmoverme. El señor García Montero lo conseguía porque leía de la misma manera que en su momento escribió aquellas letras. Los acentos, las pausas eran tan exactas como campanadas en un reloj. Su voz, no debil, simplemente azul.
Entendí su poesía como una supraconciencia social, como un entramado de sentimientos, filosofías, cultura, que se encuentran invisibles sosteniendo los puntales de la vida. Ni una poesía enaltecida, ni deshumanizada, ni esteticista, perdona, poeta, si lees esto, y no estás de acuerdo, pero entendí tu lírica como expresión de algo, expresión humana, en la que la experiencia es la musa, en la que el contexto influye más que nunca, que no se emborracha de sentimentalismo, pero lo bebe en pequeños sorbos de placer agridulce, y el amor... "el amor se hereda como un abrigo sin botones", dijiste.
Una hora y media de poesía maravillosa, en la que el mito bajó de los cielos para tomar contacto con los mortales. Tuviste la suerte de vivir a Alberti y de sobrevivir a él. Yo, el jueves ocho de junio, por instantes viví algo parecido. Fugaz pero eterno en mi memoria. Hablar con Luis García Montero fue entender una vez más por qué la literatura para mí es simplemente vocación.
Gracias, poeta, por dejar la bella Granada y acercarte a nosotros. Para mí, has sido como un bello atardecer, añil, suave. Como Alicia, mi fantasía se hizo real ante mis ojos y mis oidos, y para siempre.

6 comments:

Tu usuario más anónimo said...

Eres la mejor. Única. En los días que corren, tenemos que dar gracias porque aún exitan personas que, como García Montero y tú, irradien sensibilidad.

Jeckyll said...

muy bello, muy tú!

Anonymous said...

me gusta como escribes

Deke said...

Jolines, yo también hubiese necesitado escucharle... ¿por qué no me avisaste? Bueno, al menos me has ayudado a hacerme una idea de lo mucho que me perdí...Sniff, sniff
¿Te veo mañana?

desde el mar de plástico said...

Es extraordinaria la sensibilidad que reflejas en tus escritos. Necesitaría, en esta época de transición en mi vida, beber de tu entusiasmo... aunque me es suficiente leerte todos los días. Muchos besos.
PD: Un día menos es un día ganado al tiempo.
Un besillo.

libertanguera said...

tiene carita de ternura como tus letras... espero que podamos seguir firmándote los de andar por casa cuando él deje su comentario, besitos!