Wednesday, June 14, 2006

Tratado IV


Érase que era... pensar. Había una vez una niña que por visicitudes de la vida había decidido dedicar su vida al estudio. Con un fin demasiado altruista para ser comprendido por la mayoría, se imaginaba instaurar un nuevo Mester de Clerecía del siglo XXI. Se ilusionaba pensando en hacer un macro proyecto parecido a la escuela de traductores alfonsí, traducir ahora también toda esa sabiduría oriental, renacimiento de la cultura árabe que ciertos condes extranjeros querían seguir eliminando.
Quizá inventarse un verso nuevo, si antes la cuaderna vía, ahora el metro extravíado, por más moderno y vanguardista. Las fuentes de sus escritos originales serían también latinos, pero los buenos, no los de corte eclesiástico maquillado, sino los clásicos de Grecia y Roma que hasta hoy apuntalan los cimientos de "nuestro occidente". El proyecto se conformaba como una burbuja grande y voluminosa en su cerebro, se creía capaz de hacerlo. Los problemas del fracaso no fueron, ni encontrar el verso, si flojo o blanco, ni pugna entre antiguos y modernos, ni si entender ya la lírica como género.
El problema fue el convento. En algo había que parecerse al originario mester, tenía que organizarlo en un contexto frailero o monjil. Cuando se decidió a montar el experimento, la primera respuesta, el rechazo. Ah!! las monjas y frailes ya no son lo que eran, ¿o es que nunca lo han sido? La represión apareció sobremanera cuando se expusieron las ideas. Los primeros obstáculos fueron vencidos pero no los que sobrevendrían, la simpleza de convivir con ideales desfasados y egoistas. Incluso quiso acercarse a sus propósitos, propuso tratar en su mester asuntos como la catequesis o esos "happenings" tan modernos que la iglesia se ha inventado como modo de pasar el tiempo. Ni uno ni otro. La Iglesia que la protagonista conoció prefería la soledad. Soledad que alimenta la erótica libertad entre claro oscuros de claustros.
Moraleja: ni sería posible resucitar el Mester de Clerecía por casi absurdo como tal en este siglo XXI, ni tampoco, por consiguiente, podemos mantener cierto tipo de vidas ancladas en pasados de cantar de gesta. Porque lo del fraile de Robin Hood, ya no se lo cree nadie, que es mucho más moderno el cura de Clarín, cuyo mayor divertimento era desnudar a la Regenta y hoy, en nuestro tiempo, la mayoría se deleitan con algo casi más antiguo, con los de su propio sexo, ya lo aireó el Lazarillo.
Ante esto, mi amiga la ilusionada filóloga neotradicionalista, recogió papeles y se volvió a su pupitre de líneas rectas, que ya no está el mundo ni si quiera para buceos en el pasado, porque no se sabe que es peor, si resucitar a un muerto, o la incoherencia egoista de vender humo.
Ahora habla un narrador omnisciente, cuando lean esto, la gran mayoría pensarán en un anticlericalismo puesto de manifiesto, efectivamente, no os habéis equivocado, ahora buscad las raíces, que las mías no están en crisis de fé, sino en otras más de forma, de asuntos increíbles que aún quieren hacer ver como normales. Despierten curas retrógrados, aprendan a vivir por una vez de lo que se alimentan.

4 comments:

deke said...

Ya veo que has decidido hacer de tu vida un menester...

Si en tu SCRIPTORIUM CARACUELIE necesitas de una filóloga con buena caligrafía, ya sabes, 626 15 XX XX

libertanguera said...

Puestas a elegir, sin duda que prefiero ser juglar, de esos sí quedan algunos; otros fingen serlo con disfraz de perro-flauta y visa paterna en el bolsillo roído de sus levi's, a dónde hemos llegado...!

libertanguera said...

estoy por pensar que son las opos, o que eres retorcidilla definitivamente, nunca pensé que te dieras por aludida con eso de los perro-flauta, ¿desde cuándo un perro-flauta a bordo de un mini?, en fin, lo siento, pero no era mi intención que te ofendieras. besos, trovadora.

majo said...

a bordo de un mini, y sin ser retorcida, simplemente yo! besos celestes, pep